sábado, 25 de julio de 2015

Notas acerca de la Fotografía XII - Pincel de Autor

Cuando se edita la composición de un paisaje, yo recomiendo la edición por zona, utilizando el pincel de Lightroom (en mi caso personal), pero en diferentes casos, la recomendación es la misma. Diré por qué:


Es importante desde el momento en que se realiza la composición de la fotografía, en construir la imagen lo más armoniosamente posible, utilizando para ello las líneas imaginarias que dibujan las diferentes formas dentro del paisaje, con la mayor variedad de texturas posibles. El fotógrafo de paisaje, está —como todo fotógrafo— suscrito a la intensidad, forma y dirección de la luz mientras. Sumado a ella, las condiciones del terreno; aunque me refiero hoy aquí estrictamente a zonas montañosas, donde se mezclan los árboles, la altura de la montaña, las diferentes espesuras y tonalidades de la capa de los bosques, el curso de un río, la dimensión de un lago, etc. Para plasmar el paisaje que primero es mental —porque no se trata de demostrar el lugar que vemos, sino de mostrar (plasmar) cómo nosotros mismos lo vemos— es (otra vez y siempre) importante aprehender las zonas donde la sombra (en el caso de toparnos con ella) esté presente dentro de la composición: cuánto abarcará, de qué forma la abarcará, si será parte de la composición —donde en ese caso, encontrar la manera de que su forma se complemente con los espacios inmediatos que ella misma delimita, como si fuera una zona que equilibra y sopesa toda la zona expuesta de la composición—. La cámara tiene su propia limitación técnica, y dependerá del ojo del fotógrafo para traspasar ese límite desde la intuición misma, para hacer la foto allí pensando y sabiendo como compensar esa falta de luz luego en la edición: de intentar llevar a la imagen, la imagen que estamos viendo en ese mismo momento. Allí es donde entra el pincel de edición como herramienta del fotógrafo.

La mayoría de las fotos de paisajes, o las que por lo general suelo ver casualmente, tienen zonas sin exponer que desbalancean el paisaje mismo. Esto ha de ser porque simplemente, no les importa, imagino yo. Hay sombras que denotan la intención del fotógrafo. Hay otras que no, y esto lo sabemos de forma tácita e inexplicable quienes acostumbramos a hacer fotografía con más asiduidad y pasión que otros. Un entendimiento colectivo que tiene que ver con la intuición y la percepción fotográfica. El ojo ve a través de ciertas sombras en los paisajes, la cámara no. La cámara entra en conflicto, pierde la brújula, entonces: o deja una espacio negro, o deja un espacio totalmente blanco, sobreexpuesto. Por esto, yo casi siempre sub-expongo las tomas; y por la misma razón que vengo vagamente argumentando: el pincel de edición. Y porque de la sobreexposición, como todos sabemos, no se vuelve.

Una vez que tenemos nuestra fotografía para el trabajo de edición, así como durante la composición de la misma, intentaremos ver a través de formas, de zonas; los lugares donde la luz tenga mayor o menor intensidad, para así dividirlos y editarlos por separado. Las diferentes opciones son todas útiles, y no hay una sola forma que dictamine un mejor resultado; para esto, hay que probar y ensayar mucho, porque es sobradamente personal el asunto. No es lo mismo bajar la exposición de una zona con la opción de Bajar Exposición misma, que bajando la opción Sombras. O subiendo el Contraste. Y viceversa cuando la zona es oscura. No es lo mismo dar detalle con la opción de Enfoque, que subiendo la Claridad. Es decir, es muy útil ir probando diferentes combinaciones y llevar los ajustes hasta sus puntos límites, para así conocer las posibilidades de cada herramienta. Desfigurar la imagen, para ir recobrándola de a poco; y luego tener cabal idea de hasta dónde se pueda llegar. Conociendo los límites y los extremos de cada ajuste, tendremos una mejor idea de lo que significará para nosotros el equilibrio justo de una imagen en la edición.

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