miércoles, 18 de noviembre de 2015

De a ratos....

Porque hace un rato ya pasó. Y capaz más rato, sólo se queda en el capaz. Aún así, la vida pareciera vivirse de a ratos, o el rato o los ratos que pasan en el diome. Este delicioso tiempo mientras yo voy a estar no se cuánto rato escribiendo, que es el mismo rato mientras vos leés esto y un avión aterriza en Bangkok, un niño se enchastra toda la trompa comiendo una Tita en la parte trasera del auto, un extraño enciende un Gitanes a la salida del subte; y dos enamorados se besan por un largo rato a la salida de una tienda de artesanías.

Pero y cuánto dura un rato....?...., Sabina cantaba (quejándose) —qué poco rato dura la vida eterna / entre el túnel de tus piernas....— cuánto cabe dentro de un rato....?...., una eternidad, sin duda. O lo que tardás en ir a buscar algo para morfar —vas a tardar mucho?....—no, un rato. —Dale, igual te voy a esperar toda la vida. Y al ratito vuelve. El tiempo es un teatro de ausencias e ilusiones. Ratos, ratitos, ratazos. Qué hace una rata sola en una esquina?, está esperando un rato. El tiempo pasa según la vertiginosidad de los pensamientos, que es directamente proporcional al peso de las almas (pff!, pavada de teorema tiraste!). Mientras pensás lo malo del chiste, no?. Mientras te tomás un mate. Mientras el alma, un yunque.

Y Enstein y la relatividad. Y al carajo. Y esos ratos donde tenés unas ganas de putear bárbaras, por todo, por nada. O ese otro rato que nunca llegó, a aquella fatídica esquina. Viste cuando te colgás y no pensás en nada?, cuando el vértigo desaparece, y el ama se desvanece...qué lindo rato ese, no?. Una minúscula pizca de eternidad. Y luego vas a terminar de leer esto, y por ahí tenés algo que hacer o alguien a quien a ver o una voz a la cual escuchar; y ahí es donde se complica.....porque eso es más rato pensás, y es tan seguro como que te llamás Eugenia, o Víctor o como sea que te llames y, perdonen (el mal agüero desde ya) si de pronto, me vuelvo un poco escatológico; pero mirá si se pone re feo y nos pega un rayo?.

No puedo dejar de pensar entonces que estoy (o estamos) malgastando el tiempo, escribiendo. Que éste es tal vez, un mal rato; y como la vida (dijimos) se vive de a ratos, lo menos que podrías hacer es dejar de leer e ir hacer lo que tengas que hacer; en el caso claro, de que lo que tengas que hacer, sea importante. Si no, sí.....más rato. ...
 
http://www.cosassueltas.com.ar/espera/
 

jueves, 5 de noviembre de 2015

Leer el Mundo - Michèle Petit

Casi nunca se lo que quiero o voy a leer cuando entro a la librería cada vez que la frecuento. Suelo leer dos libros por mes, a veces uno solo, siempre depende del tiempo, de la ocupabilidad de ese tiempo. Sucede que para el tiempo en el que estoy o voy a estar en la librería me gusta gozar de una cierta disponibilidad, es un acto muy emparentado con lo ritual; y saber que tengo tal vez unas dos horas para sumergirme en esa atmósfera impregnada de......libros, de murmullo, de silencio, de música (siempre clásica, siempre ambiental) a un volumen ínfimo, lejano, fantasmal, hace que el momento sea especial. Hay una librería en particular que tiene dos niveles para sumergirse. El señor del nivel dos me saluda amablemente cada vez que voy, ya me conoce —el señor es de la casa....ha sabido decirle a otros clientes. Ya no me pregunta si "necesito algo", o si "me puede ayudar en algo"; sólo nos saludamos como viejos conocidos. Ese trato tan cómplice y cordial hace que la ceremonia de comenzar a bucear por entre los lomos, los títulos de las obras, sea una tarea de un regocijo inexplicable; de una tranquilidad que pocas veces disfruto tan plenamente. Y el hecho de no saber que quiero o voy a leer, hace que la experiencia sea aún más satisfactoria. Recorro todo el nivel, varias veces: poesía, actualidad, historia universal y argentina, novelas, deportes, clásicos, todo. Buscando que algún título o tema llame mi atención, es más la búsqueda de una atracción. Me gusta sentir esas mariposas en la panza que hacen que quieras tomar el libro, hojearlo, leerlo. A veces leo algo del prólogo, a veces una hoja cualquiera, a veces la breve reseña de la contratapa, los datos del autor en la solapa si la tienen, o el comienzo mismo del libro. Hasta algunas veces, lo huelo; es una costumbre que nunca he dejado de hacer de hecho, ese aroma en particular funciona como un estimulante espiritual. Bajo la sección de poesía, dí con un libro que me llamaba silenciosamente, de tapa amarillenta, su título rezaba: Leer el Mundo, Experiencias Actuales de  Transmisión Cultural, escrito por Michèle Petit, una autora que desconocía totalmente; bastaron las primera tres líneas del prólogo para que me lo lleve sin dudar:

ESTE LIBRO es un alegato para que la literatura, oral y escrita, y el arto bajo todas sus formas tengan lugar en la vida de todos los días, en particular en la de los niños y los adolescentes.


 Y yo, que muchas veces me siento un bicho raro, o me consideran en realidad un bicho raro por (todavía) leer; me interesó muchísimo el tema. Trato cada tanto de arrimar a mi hijo, no se si a la lectura propiamente dicha, sino al contacto con el libro; el libro como objeto de curiosidad; y como es pequeño, sumarle a su historia personal, traducida después a través de su memoria: el libro. Suelo llevarlo a las librerías, mientras más crece, menos parece interesarle; pero lo llevo igual, le pido que me acompañe. Y es que algunas noches, pide que le lea algun cuento.

Leer el Mundo es un libro....hermoso, se me ocurren más adjetivos casi poéticos, de tono dulzón; pero los evitaré. Textos para padres, para maestr@s, para todo aquél que le interesa la lectura, y considere que aún hoy y siempre, es importante. De este libro (y de todos los que voy leyendo) voy marcando ciertas frases que me gustaría siempre recordar; y voy coleccionando esas frases en un blog de tumblr. De ese blog, de este libro, más que seguir hablando del mismo, les comparto algunas de las frases que me han gustado; y que ojalá sirvan para estimular su lectura del mismo:









Lean, loco, lean, es un golazo.

martes, 27 de octubre de 2015

Bajo la Piel - Scarlett y la Experimentación Visual de la Cinematografía

Hacía tiempo que tenía ganas de ver Under the Skin. Tenía la leve impresión, por lo poco que sabía de la película, que necesitaba de una noche especial para verla. Debía estar atento, me habían prevenido de que era una película con un ritmo diferente. Y así lo fue. Poco sabía, como siempre digo (asumiendo que alguien —o nadie— me lee) acerca del guión, desconocía su director, y la certeza más grande era que estaba protagonizada por Scarlett Johanson (que nunca es un dato menor).


La película hace cómplices a aquellos que se toman la libertad de verla, no es un cine (o una película) regular, digamos. Uno va desarrollando la trama a medida que la película va dando algunas pistas. No es que uno deba "entender" la trama, (o la película misma); uno va interpretando la cinematografía del director. Y esta cinematografía, tiene que ver con una estética muy cercana a la poesía. Y a la fotografía. 

Scarlett es una cazahombres. y esto no es un guiño para aquellos que imaginan a una Scarlett seductora, haciendo gala de todos sus dotes. Si es una femme fatale, pero no desde esa perspectiva. Es fría, calculadora, acecha, busca; no es humana. No se la ve con vestuarios que puedan deslumbrarte; de hecho, siempre está vestida de manera casual —y hay varios planos donde se puede ver de cerca su rostro (como en el poster que cté más arriba), y se aprecian todas sus imperfecciones. En este sentido, de manera personal lo digo, siempre me ha gustado Scarlett por esa actitud frente a su laburo, la tipa hace todo tipo de papeles y películas; y es una mujer hermosa, sin dudas.

El guión puede resumirse en muy pocas líneas, pero lo obviaré; por la carga visual de la película, sería desmerecerla. Está contada desde lo visual, incluso hay muy poco diálogo. Es tensa, atmosférica, gris.....hay mucho juego con la luz, también protagonista. Los hombres (la caza); van desenvolviéndose en sus diferentes tipos, a modo experimental e investigativo, por parte de la ¿criatura? que intepreta la bella Johanson. A través de estos diferentes tipos de sujetos se despliegan a su vez diferentes tipos escenarios durante la película: en la calle, en la playa, en un club nocturno, etc. La escena de la playa,en lo personal, me angustió muchísimo, es de una crudeza que hacía mucho no veía en el cine; pero que tiene que ver con la deshumanidad del personaje, ya que vemos esta escena desde su propio punto de vista. No hay diálogo, sólo sonido, y es todo descarnado, real, crudo, des-ga-rrador. Sentí cierta incomodidad, incluso.


Las escenas donde el personaje de Scarlett trata con los sujetos finalmente, ya que primeramente, como dije, los busca y luego selecciona; son el punto más alto en lo visual para mí; donde se juega con la imaginación y la interpretación del observador. Son, si bien se repiten, las escenas que más disfruté de la película, más allá obviamente de que se la puede ver a ella  con poca ropa, (nobleza obliga).

Para remarcar dos detalles, para el que la vió o decide verla; hay unas escenas filmadas desde el interior de una camioneta que ella maneja, casi como una cámara indiscreta, que fueron hechas sin mucha planificación alguna. La película está rodada en Escocia, y al parecer, como se la ve en la misma pelicula, salió a manejar por las calles de a ciudad, y simulando estar perdida, conversa brevemente con algunos hombres. El otro detalle, es la actuación de Adam Pearson, un tipo de 29 años que sufre de neurofibromatosis, una condición que genera tumores no cancerígenos en nervios de todo el cuerpo, en su cas específico: su rostro. el personaje de Adam, mantiene un excelente diálogo con el personaje de Scarlett, con quien luego "intima", obviamente. Aquí pueden leer una nota muy interesante sobre su actuación en la película.


Under the Skin es sin dudas una película muy personal, tal vez arriesgada podría decir algún crítico indignado porque no le gustó la película pero no creo que esté dirigida a un público que considere arriesgada una película. Es cine, y el cine es amplio y vasto, como los gustos por él. Tiene un ritmo diferente, está llena de detalles justos y precisos que hacen al relato de la historia. Transgrede los cánones normales de la belleza, y eso ya es bueno. Es auténtica, imaginativa, poética y visceral. como reza la canción: contra gustos no hay disputa, es decir, cada loco con su tema. Y nosotros con el nuestro: si quieren ver algo "diferente" en cuanto a cine, esta película es una auténtica muestra de lo creativo y "arriesgado" que se puede ser...


lunes, 5 de octubre de 2015

...And justice for All



La justicia es justicia cuando atiende a los intereses propios, a nuestras afinidades morales, al espíritu que se ha forjado a través de toda nuestra vida emocional y cultural en una idea propia de justicia. La justicia social, nos es muchas veces, ajena. 
 
La introspección, social también, que nos limita —concienzudamente— al alimento diario, a la educación de los hijos, a los placeres terrenales; a una larga lista de etcéteras, no nos la deja ver, no la podemos ver, porque no la podemos abarcar. 
 
No es una tarea imposible, está claro que millones están y son dedicados a la ayuda y acción humanitaria, a la búsqueda de políticas de inclusión, en todos los aspectos que podamos imaginar en el mundo de hoy. Pero el ser humano, en su interminable disyuntiva, es un ser desdoblado interiormente, aún en la eterna dualidad reinante en cada una de sus células; está enfermo de egoísmo, de individualidad. 
 
La rutina, la cotidianeidad y la automatización de esa cotidianeidad, sumado a frustraciones diarias de deseos que no se consuman, de deseos algunos que nos son impuestos a través de la repetición mediática, y nos dejan ciegos del alma, desheredados y lejos más aún del espíritu aquél con ideales de justicia. 
 
Y a través del egoísmo, en lugar de ponernos a pensar en el bien común, como parte de la humanidad misma; la reacción suele y puede ser adversa: si yo no tengo o lo que tengo y me cuesta; por qué deberían de regalárselo a otros?, de intentar construir un mundo, una economía donde quepan otros mundos?. 
 
Lo material nos hace envolvernos en la vorágine del dinero, se piensa con el bolsillo, se razona desde la individualidad misma. Y al fin y al cabo, es también tristemente comprensible.
 
 

martes, 29 de septiembre de 2015

La realidad de cada uno....

Qué es necesariamente la verdad, o la realidad?. Observaba una de esas imágenes que suelen aparecer en alguna (cualquiera) red social, que vaya uno a saber por qué realmente las escriben, o desde dónde las escriben; como si fueran máximas que todo el mundo adopta y esparce desde el momento en que asiente cuando lee, y luego cuando lo comparte.


"Noche de Letras" es en este caso quien suscribe el texto, la frase. Aunque googleando la frase, llego hasta el twitter de Pablo Krantz, un músico y escritor argentino. Y luego pienso, y deconstruyo su frase, porque algo me hace ruido. Él, o la frase, hablan de perder su tiempo con alguien al que no le interesa la verdad, o la realidad; entonces, cuál es necesariamente la verdad o la realidad?, es la que plantea Pablo Krantz?. En parte tiene razón, porque él, como todos, tiene su propia verdad y su propia realidad, que no siempre es la realidad de todos. Todos somos iguales, pero no vivimos de la misma forma, ni vemos las cosas de la misma forma. Luego pasamos a la figura del fanático. Coincidimos en el fundamentalismo del fanático, más aún si es un enfervorizado; pero tiene cierto parentezco con la imposibilidad de no ver otra verdad, u otra realidad. Ya se que Pablo o cualquiera que haya compartido saldrá a defender su punto de vista; y es porque creerán tal vez que los estoy atacando. Yo intuyo que desde el momento en que se construye la frase, se está partiendo desde un suceso, un hecho en especial, es decir, desde la experiencia. Y tal vez, esa experiencia reverbere en otras experiencias, tal vez por eso escribe y lo lanza a la red. Pero uno lo ve así; y lo ve compartido por otros usuarios, y otros; y en diferentes redes, y me asusto de pensar que hay un grupo indeterminado de personas que se suman a esa verdad tácita que está allí, latente; con cierta halo de soberbia tal vez; la seguridad de pensarse en el lado correcto; básicamente, estableciendo un lado, un equipo.

También se puede pensar en toda la buena fe con la que puede haber sido escrita esta frase. Yo creo que uno de los problemas que tenemos quienes vivimos en la era de la computación, es la falta de deconstrucción; ligado estrechamente no sólo a la falta de lectura; sino a la lectura estrecha, de frases. Que se asocian a ideas u otras experiencias propias y generan sensaciones y pensamientos a partir de un grupo pequeño de oraciones. Uno recuerda estas frases, y las aplica luego en la experiencia tal vez; como si nos hiciéramos de un manual —por si acaso— en alguna situación. Y si esta frase condenase a quien exima sus ideas de forma fervorosa pero no fuera un fanático?. Y en tal caso, dónde está el límite donde sabemos a ciencia cierta: usted es un fanático. Usted no. Cómo nos medimos para medir al otro?. A través de una verdad?, de una realidad?, que vemos y entendemos como única?.

Es delicado el tema. En lo personal, me ha tocado discutir con gente que no piensa lo mismo que yo, y que por lo tanto cree y afirma estoy equivocado, y no han querido perder (más de) su tiempo conmigo. Yo siempre me quedo preguntando: ¿por qué?. Por qué una discusión es una batalla dialéctica?, y no una posibilidad de encontrar puntos en común; que seguramente encontraremos, en la medida que razonemos y tengamos en cuenta que si se trata de batallar sólo para ganar es, tal vez, esa sí un pérdida de tiempo; pero si no nos vamos a escuchar, perdemos todos. Si creemos estar noblemente por encima del fanatismo, yo no creo que perdamos el tiempo discutiendo con un fanático al que (yo no se) si sólo le importa la victoria de su fanatismo; yo creo que sirve intentar dejar demostrado por qué pensamos distinto......., dejar de lado la futbolización del pensamiento.

domingo, 27 de septiembre de 2015

A la Orilla del Sendero

"..(...)...árboles caídos
quedaron a la orilla del sendero.
El leñador los olvidó, y conversan,
apretados de amor, como ciegos.
El sol de ocaso pone
su sangre viva en los hendidos leños
¡y se llevan los vientos la fragancia
de su costado abierto!


Uno, torcido, tiende
su brazo inmenso y de follaje trémulo
hacia otro, y sus heridas
como dos ojos son, llenos de ruego.
El leñador los olvidó. La noche
vendrá. Estaré con ellos.
Recibiré en mi corazón sus mansas
resinas. Me serán como de fuego.
¡Y mudos y ceñidos,
nos halle el día en un montón de duelo!"

Gabriela Mistral

sábado, 26 de septiembre de 2015

Inconclusa


El comienzo de la letra de una canción , 
que vaya uno a saber si terminaré algún día:



Con las tan breves como eternas intensidades de los atardeceres
se conjugan los cuerpos a tientas
tan ávidos de desvelo como de ruegos de descanso
éxtasis de invisibles incandescencias
dulces pulsiones que se acompasan
en una pausa que dura todos los tiempos.

Un paisaje extenso la rugosidad del aliento
donde atestiguo desvanecerse
la cotidianeidad y su pesada coraza de inútil lamento.



...continuará?....


Egon Schiele

Prohombres Digitales

En esta era de la sociabilización informática, con la falsa compasión midiéndose a través del número de likes en Facebook (u otras redes sociales) la inanición puede llegar a niveles desorbitantes, incluso desde lo personal. Las horas o los minutos que alguien puede pasar frente a la computadora, compartiendo la imagen de una niña desaparecida, de un perro vagabundo, de un niño enfermo de cáncer quizás, son horas y minutos que sosiegan la conciencia, la más mínima conciencia de los males que aquejan a la humanidad desde tiempos remotos ya. Sucede lo mismo con la condena social. La soledad, la introspección que la tecnología nos da; nos permite librarnos de muchos aspectos que nos condicionan inteligente y saludablemente a la hora de hacer libre un pensamiento, de expresarlo de forma escrita a través de una red social. Hay patrones de comportamiento que son alterados por la ausencia de aquellos a quienes les estamos expresando nuestro pensamiento. No podemos medir ni hacer estadísticas ni elaborar teoría alguna acerca de la valentía o sinceridad de esas expresiones en el caso de que un tema en cuestión estuviese siendo tratado, por ejemplo, en una reunión social; pero coincidirán conmigo tal vez, que nuestro comportamiento a la hora de decir lo que queremos o querramos decir, será de otra manera. Porque la interacción con otros nos produce cambios y efectos en nuestro organismo; y física, moral y espiritualmente; nos expresaremos de otra manera. 

O no. He allí que digo que no podemos elaborar teorías de sinceridad y atrevimiento; constatación alguna de que quien se expresa de X manera a través de la palabra escrita desde una plataforma de red social, sea la misma persona que deba demandar a su interior una compostura, un tono de voz que se adecue a su forma de pensar, una postura corporal que acentúe su idea; todo lo que significa en definitiva, hablar, discutir. Pero esta soledad, esta misma soledad que late mientras escribo frente a la pantalla de mi computadora nos juega y nos jugará una mala pasada a toda esta generación y las generaciones venideras. Patrones de pensamiento serán estudiados tal vez por antropólogos o locos más allá en el tiempo vivientes. Sin la discusión fluida, sin la atención del otro; las palabras escritas siempre tienen un mayor peso para quien las diga, tienen el valor agregado de, valga la redundancia, la palabra escrita. 

Paradójico. Esta soledad nos vuelve más intolerantes, acerca de todo; peligrosamente el yo se hace cada vez más grande, el ego es el dios y el demonio en cada uno de los hombros, hermanados en la causa común de la razón, propia y absoluta. Que incluso amenaza con no tener fin allí, que sea insuficiente, que surja la necesidad! no sólo de imponer un punto de vista; sino de acabar con el de otros (y tal vez todos los) puntos de vista que sean expuestos de manera respetuosa y justa. Y no será sólo la intolerancia aquella que es inherente a un estado espiritual del pensamiento; sino a la nefasta incapacidad de escuchar al otro. No sólo nos vamos volviendo ciegos, nos vamos volviendo sordos. Si no vemos todo el cuadro, si no escuchamos todas las voces, nuestro ejercicio del pensamiento se verticaliza, se monopoliza en escasas y vagas ideas del todo. Y la emisión de un juicio, será como la de un obrador a quien no le han sido suministradas todas las herramientas necesarias para una construcción cualquiera sea; pero sí toda la confianza de realizar finalmente un trabajo brillante. 

Son tiempos donde el yo, está en éxtasis, intoxicado; sumido a una masturbación continua de su ensalzamiento. La tecnología nos da ese atributo sexual, nos seduce con artefactos y formas que nosotros mismos construimos y perfeccionamos a ritmos exuberantes. Conectándonos tecnológicamente con el otro, nos desconectamos humanamente de ese mismo otro. Y mientras más nos deshumanizamos, los juicios, los pensamientos, las ideas tendrán un parámetro cada vez más pobre....



viernes, 25 de septiembre de 2015

Tus Fotos son una Mierda

Tus fotografías son una mierda. Te dices que te encantan, pero son una mierda y lo sabes. Todo el mundo lo sabe, pero nadie tiene el valor de decir lo que piensa. Te adornan y disimulan con palabras, como todo. Ocultan su incomodidad respecto de muchas de tus fotos; volcándolas hacia la indiferencia, descartándolas de forma tácita, silenciosa.....condenándolas. Ellos lo saben y tu lo sabes, esas fotos no sirven, y tu mirada no dice nada. Y ellos tampoco. Pero y si....dijeran algo?. Cambiaría?. Tal vez. Tal vez no. Pero serían más auténticos. Hay pensamientos que se vuelven palpables en el aire, incluso si ni siquiera estás viendo a la persona. Porque tu sabes que tus fotos son una mierda. Y si lo sabes, por qué las muestras?. Por esa cuota de lástima que te tendrán?, porque se apiadarán de la escasez de tu mirada?. Nadie pasa a visitarlas, al lado, al otro lado, arriba, abajo...hay otras fotos, de otros fotógrafos...y ellos tienen más visitas, más estrellitas, más corazones, más pulgares hacia arriba. Y comparas, y te das cuenta que nunca llegarás a esas fotos. Por qué no llegaré a esas fotos?, qué estaré haciendo mal?....no basta con el ímpetu, con las ganas; eres limitado, sabes que no puedes dar más de lo que tienes te dices—. Para qué existen esas estrellitas, esos corazones, esos pulgares hacia arriba....?...son una vara que...qué mide?, o para qué....mide?. Tal vez, si alguien tuviera el valor de decirme que no le gustan mis fotos, y luego contarme por qué es que no le gustan....podría yo ver algo que no estaba viendo, y eso me podría llevar a ver de otra manera.....todo. Pero...estoy preparado para la honestidad brutal?, alguien acaso lo está?. Somos todos tan vulnerables con respecto a la fotografía. Sólo con respecto a la fotografía?, qué dice de nosotros que no soportemos que a alguien no le gusten nuestras fotos?. Le echamos una culpa?, nos hacemos los desentendidos dando a entender que ellos no entienden mis fotos?. Aflora la soberbia?. La fotografía es la soledad absoluta, todo sucede dentro; pero nadie habla de fotografía, todos hablan de las fotos. Y qué sería hablar de fotografía?, pues hablar de nosotros, porque somos lo que vemos, y cómo lo vemos. Pero desnudaríamos nuestros egos, y la desnudez de los egos de los fotógrafos es una pornografía indigerible. Hablar de las fotos podría ser como hablar de cómo vamos vestidos, y no de por qué se nos antoja vestirnos así. Tal vez el error sea simplemente hablar, porque, en última instancia, el lenguaje de la fotografía, es silencioso, es mudo, prescinde de las palabras. Pero aún así, las palabras vienen a trazar una frontera, un antes, y un después. Y es en esa frontera donde paradójicamente perdemos el límite, la brújula. Cuándo son una mierda mis fotos si veo que otras fotos también lo son y tampoco digo nada?. No estamos hechos para esto, sin duda. No sabemos expresar lo que nos duele, lo que nos hace ruido, lo que nos disgusta, lo que nos incomoda, lo que no nos cierra. Es mejor evitarlo y concentrarse en una sola foto, que está buenísima! —y el resto?, —no, el resto no, el resto es una mierda, tiralas; que sos un capo igual.

 


viernes, 4 de septiembre de 2015

—Te dije.....

Mi padre falleció hace poco más de un año ya. Algunos largos meses después, mi hermana mayor realizaba algunas tareas en el patio-jardín, de la misma manera que lo hacía mi padre en vida. Yo vivo en el mismo terreno, el patio-jardín, es un poco de todos. Una tarde, ella me para y me habla bajito:

—mirá, hay un pájaro ahí que hace rato que anda por acá y me mira. Yo pienso que es Papá, que está contento porque estoy cuidando su jardín.

El pájaro: un diucón. Yo me quedo un rato observándolo. Volaba de un árbol a otro; y volvía. De veras parecía curioso de lo que pasaba allí. Y observaba. Todos estábamos muy tristes por la partida de mi Padre, cada uno sobre llevándolo de la mejor manera posible, no a todos nos pega igual la muerte de un ser tan querido. Mi hermana seguía trabajando la tierra, dándome a entender que llevaba ya rato con el diucón allí, como habituada. Le habló. Y yo también le hablé. Tragué saliva y seguí, iba de salida.

Algún tiempo después, una mañana en el trabajo, estaba yo realizando una de las tareas que se me asigna, solo, en una suerte de instalación que tiene dos puertas muy grandes, el lugar es amplio y alto. Estoy de espaldas a la(s) puerta(s), cuando de pronto siento que me golpean la cabeza; no es un golpe con fuerza; es como cuando alguien desliza su mano por el cabello, con una fuerza medida, como despeinándote, pero como un golpe. Me doy vuelta rápidamente, esperando encontrar a alguno de mis compañeros que por alguna razón hubiera entrado y me haya jugado la broma. Pero no. No veo a nadie, e inmediatamente escucho un sonido como de un aleteo. El sonido lleva a levantar mi mirada; y arriba, en las luces que colgaban del techo: un diucón, batiendo sus alas, observándome. Recobrado apenas del susto, reconozco entonces el golpe de su cuerpo y sus patas y sus alas sobre mi cabeza.Y recuerdo las palabras de mi hermana:

—........Yo pienso que es Papá....

Lejos de creer que mi hermana estaba loca, o deprimida; sus palabras reverberaron fuertemente en mí desde entonces. No sólo le creí, si no que asumí que dicho pájaro, era mi Viejo. Por lo que, esa mañana en el trabajo, con un diucón que se había metido dentro de una instalación donde nada tiene que hacer un pájaro, lo único que atiné a decirle fue que me había hecho pegar un susto del carajo. Luego le pregunté cómo andaba y algo más. El diucón seguía aleteando y observándome fijo, y en poco segundos voló otra vez haca mí y luego encontró su camino hacia la puerta. Estuve algunos días solo, con lo que me había ocurrido, no se lo conté a nadie; como si fuera un secreto entre él y yo. Pero luego, necesité contarlo. Mi mujer me instó obviamente a que se lo contara inmediatamente a mi hermana. Como ya era tarde, y no sabía cuando la vería a ella y al resto de mis herman@s en los días subsiguientes.....escribí todo el suceso en un mensaje de whatsapp, para todos en el grupo de mi familia. Al ratito, las respuestas. Algunas lloraban, decían. Otros, tragando saliva a borbotones. Todos emocionados. 

—Viste, decía mi hermana, te dije que era Papá.

El diucón es un ave que, donde yo trabajo, anda mucho. Y siempre cerca. Hay muchos árboles donde yo trabajo. Y está a toda hora. A la mañana, lo veo. A la tarde, lo veo. Suele posarse en las ramas de los árboles mientras salgo de la oficina y doy un pequeño recorrido que debo dar cada cierta hora. Va y viene. Cada tanto, canta. Su canto es como apagado, con leves suspiros que repercuten como en un suerte de silbido, que se repite en diferentes intensidades. He dejado de verlo como un pájaro, como un ave, como un diucón. Yo no se, como todos, o como nadie; qué pasa cuando nos morimos. Todos debemos afrontar la muerte alguna vez (la de un ser amado); y hasta que sucede, por más preparado que uno crea estar, el momento escinde de alguna u otra forma la manera de ver y vivir la vida.

A mí, me gusta la poesía de sentir que "eso" que es lo que queda de las personas que se van se puede manifestar no sólo como a uno se le antoje o pueda, sino como aquí, y a mí, a través de un hecho que es totalmente ajeno a mi forma de llevar su ausencia; un hecho (o dos) que se presentó ante mi vida. Y a pesar de haber buscado entre todos los vericuetos de la razón, de forma instintiva........el ave, el pájaro, el diucón, mi Viejo.....siempre anda por allí. Es por eso que cada vez que puedo.....lo fotografío......:



Y por casa, sigue andando por allí.......siempre,.....cerca,......libre.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Gracias, internet

Un ex cuñado que trabaja en la instalación de cañería y artefactos de gas y agua para grandes edificios. Un primo que vive a dos cuadras que trabaja de lo mismo, pero en casas de familia. Un suegro que trabaja en una empresa donde construyen satélites. Un hermano que desarrolla tareas de mantenimiento de hidráulica, que se da maña para todo. Yo, que me considero un inútil (casi) total; y una canilla de monocomando que gotea.

Les pregunté uno por uno, como tantas otras veces me han: o sacado de un apuro con algún interrogante o directamente, ayudado con toda su amable disposición; si sabían cómo repararla, y ninguno había alguna vez tenido el problema que se me presentaba a mí en ese momento. Por cuestiones de trabajo, de falta de disponibilidad de tiempo, sumado claro, al desconocimiento de la solución del asunto; yo tampoco pude intentar siquiera dilucidar cómo resolver mi problema. Siempre de aquí para allá y la gotera que dentro de todo, no molestaba demasiado tampoco. Sabíao al menos siempre tengo la impresión de que una situación así me iba a llevar tiempo, por la falta de fe sobre todo, pero también por la ignorancia en el tema. Y podría agregar, por el recelo, ya que además de la inutilidad, también poseo la facultad de romper cosas cuando las intento arreglar.

Mientras todo esto, un poco angustiado de antemano, y viendo que la canilla de monocomando no parecía tener piezas de desajustes visibles para su mantenimiento, temiendo la posibilidad de tener que comprar otro (suelo llegar a esos límites), en medio de todo, se me ocurre sentarme en la computadora. Primero investigo qué modelo de canilla de monocomando es el que poseo. Luego busco un detalle de la pieza, un diagrama de despiece, en realidad; pero no me deja conforme. Y esbozo algún que otro epíteto mientras me rasco la cabeza sin que me pique. Vuelvo a mirar la canilla, la miro con la intención de que mágicamente llegue la solución a mi cabeza, que de pronto me pica en serio y me vuelvo a rascar. Y a soltar otro epíteto. Pero nada.

Hasta que me acuerdo de YouTube. Y pongo en el buscador "mantenimiento de monocomando". El primer video me clarifica un poco las cosas, resulta que el indicador rojiazul de caliente/fría se sale, es como un tapón. El segundo video reconstruye todo el proceso de la reparación de un gotera de monocomando. Lo miro dos veces, por las dudas (el tipo adjunta un comentario en el video donde aduce que la razón de realizar el mismo, es porque tampoco encontraba mucha información al respecto). Entonces de pronto me siento aliviado, si bien ahora debo poner manos a la obra, con el peligro que ello representa. Solventada la dificultad de que no tenía la herramienta necesaria para realizar el trabajo primero, y la escapada hasta la tienda de respuestos donde doy cuenta de que no me sale para nada barato (aunque podría haberme salido muchísimo más si hubiera tenido que comprar una canilla nueva) después; y con el pecho inflado por otro logro conseguido como hombre de la casa, me puse a pensar (volviendo al verdadero yo) en cómo internet nos cambió la vida; no sólo a los tipos que resultan un tanto inútiles, sino a todos, y en tantos sentidos, che, quelosparió.


miércoles, 26 de agosto de 2015

El Amigo Invisible

Anoche me fumé Unfriended (me gustó este póster):

 

Una película que intenta desarrollar su trama a través de una dinámica visual bastante poco habitual, hasta arriesgada. Y digo poco habitual porque, paradójicamente, tiene que ver con la época, nuestra época y la manera de socializar cotidianamente que tenemos mediante el uso de la teconología; en este caso en particular de la película, a través de la computadora y las videollamadas por Skype. Debo confesar que este pequeño detalle fue el gancho que me atrajo a la película, y justamente, lo que uno ve durante la casi hora y media que dura el film, son pantallas; las pantallas de los 6 jóvenes protagonistas, llevando a cabo una conversación a través del citado programa.


Todo transcurre a través de la pantalla de una computadora, donde usted puede ver como si fuera la suya propia, y que en realidad es la de una joven muy bonita, como si fuera uno más agregado a la conversación, digamos; usted y alguien más. Ese alguien más es un desconocido que se suma a dicha conversación, pero atormentando a los jóvenes con ardides tecnológicos y psicológicos, sobre todo. Le contarán la historia de manera tal de que usted, sepa quién es ese alguien más, no se preocupe, y si no, mire el tráiler cuando termine de leer.

La película intenta ir creando la tensión lentamente, pero lo arriesgado de la realización, el mismo aspecto visual choca, se estrella contra ese intento. Si bien considero que tiene un buen ritmo, me ha dejado un sabor amargo; tal vez porque no se ha visto un film con este tipo de realización, y eso deja la puerta abierta para indagar en otras posibles ideas, que podrían haber hecho esto así, esto asá, viste que como de la misma forma que somos DT cuando miramos fútbol, somos todos directores cuando vemos pelís. (Otro sabor amargo que me dejó fue envidiarles la velocidad de sus computadoras, vuelan!). Si bien todos sabemos que en este tipo de género sucede lo que sucede cuando alguien con claras intenciones de tormento acecha a un grupo de jóvenes indefensos, la película se deja ver por el atractivo visual, por la novedad que representa. Luego de ello, dependerá del gusto de cada uno por este tipo de género.

Les dejo al tráiler, donde podrán enterarse un poco más de la trama:

miércoles, 12 de agosto de 2015

En otra (y en la misma) Frecuencia

Tenía guardados en una carpeta varios torrents con algunos títulos de películas para cargarlos y bajar alguna. No recordaba de cuando los tenía, y mucho menos de qué se trataban las películas en cuestión. El título que más me llamó la atención fue Frequencies. La googleé, entré a dos páginas, leí de una de ellas una sinopsis de 4/5 líneas; recordé de qué se trataba más o menos, y sin dudarlo ni terminar de leer, la puse a descargar.

Es una película australiana del año 2014 (aunque el acento de algunos de sus protagonistas es sobradamente inglés, viste que parecen que se atragantan cuando hablan a veces) y lo poco que había leído decía que: era una historia de amor científica-filosófica. Es intrigante desde el principio, uno ya intuye que no es una película.......común. La atmósfera se enrarece de entrada, haciendo que uno se sienta realmente cómodo, jeje —quiero decir, adoro este tipo de películas— y que mentalmente se ponga a trabajar fuerte, porque si no, puede que te quedes atrás. Hay una suerte de guiño tácito: presta atención, presta mucha atención, atiende los detalles, escucha (lee, en mi caso, mi inglés es todavía pobre, no puedo prescindir de los subtítulos) porque no te lo van a contar dos veces. O tal vez sí, como sea, presta atención.

La atmósfera también tiene que ver con la luz y el color de la película, es una atmósfera un tanto fría visualmente; es un gesto que se desarrolla luego. Me gustan y adoro inmediatamente los nombres de los protagonistas, ella se llama Marie-Curie Fortune y él Isaac-Newton Midgeley, pero le dicen Zak. Algo sucede entre ellos dos, huelga decirlo, allí al principio y durante todo el resto de la película. La trama se sostiene perfectamente, el hilo conductor (¿o son varios?) la une holgadamente desde principio a fin. Si bien se añaden otros personajes a la historia central, sobre ellos dos se escribe la historia; que toca varios temas en particular, todos llevados a planos —como bien decía la brevísima sinopsis— científicos, y filosóficos. Y otros más que ustedes darán cuenta. Una película muy seria, sin ser nerd. Que indaga, busca, revuelve, inquieta. Y no sólo en el amor. Uno debe descifrar algunos detalles tal vez. Por eso aquello que dije del guiño tácito.

Creo que recién llegado al final de la cinta, uno siente que debe rebobinar(la) y pasar en limpio un poco todo lo que ha experimentado durante la misma. Mucho depende de cómo la hayan visto, cuanta atención hayan prestado, hacia dónde se le han volado los pajáros mientras observaba y leía la película. Para mí, los actores están muy sobrios, me gustan sus personajes. Creo finalmente que resulta bastante difícil ser indiferente a la película en sí. A no ser que a usted le guste toda esa berreteada millonaria de Marvel y demás payasadas. (Perdón por el exabrupto, si a usted le gustan, está todo bien, no se me enoje); pero entonces; sabrá que esta película: no es para usted, usted está......en otra frecuencia.



Para tentarlos, les dejo el tráiler:




Y si gustan, y les gusta (y sino también, por qué no?).....me cuentan que tal.

sábado, 8 de agosto de 2015

Notas acerca de la Fotografía IVX - Horizontes Claros, Horizontes Torcidos

Se me vino a la mente una frase de Michael Freeman que leí hace un tiempo, ahora mientras subía una foto a mi cuenta personal de Flickr: "el fotógrafo debería hacer un juicio crítico, no técnico". La foto en cuestión es la siguiente:


Ya lo había citado antes a Freeman, y había agregado al respecto (de otra foto): dicen que el horizonte siempre tiene que estar recto para que una fotografía sea correcta, pero si vos decidís que tu fotografía será mejor con el horizonte torcido, adelante nomás.
 
De tanto en tanto uno suele ver en diferentes webs o grupos o comunidades (de fotografía) diferentes tipos de fotos donde el horizonte, está inclinado hacia alguno de los lados. El horizonte inclinado creo, puede ser tema de debate crónico; cada uno tendrá su propia cosmovisión al respecto; pero como mencioné en la entrada anterior existe para mí algo que es inherente a todos lo que practican la fotografía: el pensamiento fotográfico, el cual es ineludible. Uno va adquieriendo a lo largo del tiempo pequeños conocimientos acerca de la fotografía, que tienen que ver por ejemplo, con la composición, la regla de los tercios y otras menduncias que todos nos sabemos. 
 
El horizonte torcido es una de ellas. Y cuando uno ve una fotografía así, es inevitable no verlo, no pensarlo, y no sentir algo respecto. El horizonte torcido, en tanto y en cuanto sea visible dentro de la composición de una imagen, se pone de manifiesto de manera forzosa casi. Por esto motivo resulta importante, y en última instancia enriquecedor llevar esta cuestión hacia el carácter compositivo de la fotografía, de manera consciente, intencional. Adquirir la idea del horizonte torcido de la misma manera en que se adquieren las citadas menudencias y transformarla en verdadera herramienta de trabajo para la composición. Tenerla siempre en cuenta, aunque de manera tácita e inconsciente siempre la tengamos presente. La horizontalidad es un concepto que está tan arraigado al ser humano que es difícil escaparle. Una forma posible es inclinando el horizonte; no sólo jugando con la perspectiva, sino balancear el peso y el volumen de la imagen de manera tal que choque con la preconcepción de lo horizontal que todos tenemos.

En la fotografía que adjunto en esta entrada: lo que yo ví al componer la imagen fue  que un plano habitual, es decir, el árbol esgrimiendo toda su verticalidad en la soledad de esa determinada geografía, en este caso la estepa patagónica; era una imagen....demasiado plana (perpendicular) para mi gusto. Por ello es que empiezo a jugar con la perspectiva, dejo de ver al árbol como motivo principal de mi fotografia y me concentro en el fondo, en el resto, que es lo que no me cierra a la hora de componer. Descubro dos espacios y una línea que divide estos dos espacios en el cuadro; el cielo nublado y la luz plana hacen que la imaginación se dispare, el árbol, de pronto, vuelve a ser el sujeto, pero inserto entre estos dos espacios que son ahora  dos mundos imaginarios. Sujeto y fondo componen y funden la escena que estoy fotografiando. La copa del árbol: ahí tengo y descubro a su vez otra forma, que se relaciona directamente con todo el cuadro. La copa tiene una forma semicircular, que me da una idea de movimiento, de rotación; cuando doy cuenta de esto en la maquinación de la composición de una fotografía—un proceso que dura instantes, instantes que duran una eternidad — es que inclino casi instintivamente la imagen, como siguiendo el movimiento que me dicta la imaginación: mi imagen está rodando hacia la izquierda. Le añado peso  y volumen de forma equilibrada hacia los ángulos extremos, que además resultan ser los dos mundos diferentes (diferente color, diferente textura, diferente luz). Desbalanceando mi imagen siento que le doy equilibrio. Y al final, cuando la veo en la pantalla de la cámara, esbozo una sonrisa, me siento satisfecho visual (y espiritual)mente con todo lo que experimenté primero dentro de mi cabeza.

Una cosa es el horizonte torcido intencionado del autor, y otra es cuando dentro de la foto empiezas a jugar con algunas de las probablidades: que es probable que no se haya dado cuenta o que NO lo haya tenido justamente en cuenta. En cualquiera de los casos, desconocemos si está en conocimiento; pero lo alcanzamos a intuir. Es importante aprehender un concepto básico, porque sirve luego para deconstruirlo, desarticularlo y re-utlizarlo en beneficio propio, en este caso, de la composición no de una fotografía, sino de nuestra mirada misma. 
 
Y en el caso de Freeman, como así también lo que tratábamos en la entrada anterior; si presentas fotografías en webs, grupos y/o comunidades y estás tal vez interesado en saber qué piensa el resto, si te expones de esa manera; y esperas una crítica o una opinión al respecto, que esa crítica u opinión al respecto sean fundadas desde la intencionalidad de tu propia imagen. Luego, de gustos, la charla es infinita. Y no podemos gustarle a todos, yo desconfío de aquellos lugares donde nadie tiene la osadía de señalar algo con lo que no está de acuerdo, siguiendo el instinto de su propia mirada. Se trata de intercambiar cómo vemos lo que vemos, y no de generar un culto a la imagen.

miércoles, 29 de julio de 2015

Notas acerca de la Fotografía XIII - Forolandia

No debe haber en toda la red un foro de fotografía que se le asemeje a otro. Así como cada fotógrafo desarrolla su fotografía de manera única y personal, el conjunto de fotógrafos (usuarios) que comparten su trabajo en un lugar común, hacen de ese lugar uno personal y único a su vez; de acuerdo a sus propios yeites y reglas. Son pequeñas (o inmensas) comunidades de personas a las cuales rara vez conocemos, pero como sucede en estos casos, intuimos. Con todo lo que ello implica, desconocer a la otra persona nos hace actuar de manera tal que si el trato fuera personal, sería seguramente distinto. Con todo lo bueno y lo malo del caso. Aunque en el caso de la fotografía, es un tema del cual tal vez se hable poco en la red misma; acerca del funcionamiento de estos foros, de estas comunidades.


Cada una tiene su propia dinámica, desarrollada con mayor (o menor) fluidez según el tiempo en el cual ese foro-comunidad se haya podido mantener no sólo vigente (on-line), sino con un buen flujo (constante) de usuarios participantes. Hoy por hoy, para la fotografía, la opción de exhibir los trabajos fotográficos es inevitable y sumamente práctica. Como decía Gasteu`s en Ratatouille: cualquiera puede cocinar, es decir, todo el mundo puede subir sus fotografías a cualquier foro, previo registro. Y encontramos desde el más exquisito fotógrafo hasta aquél que con una pequeña compacta dispara a todo lo que ve. Y más allá de cualquier tipo de filtro o moderación, todo el mundo es fotógrafo casi. Y repito, hay tipos de foros-comunidades como tipos de fotógrafos, con lo cual, existe la opción de sumarse al tipo de lugar donde una se sienta más cómodo.

El flujo de un foro está de alguna forma relacionado con —más allá de la participación de los fotógrafos (usuarios)— con el ego de éstos. Porque, no podemos negar el narcisismo que todo fotógrafo carga y/o sufre. Hay foros donde las fotos exhibidas son puestas en el paredón de los ojos críticos, como también aquellos donde todo trabajo es elevado a la categoría de arte. En ambos casos, no hay necesidad de juzgar el sistema por el cual se rigen estos tipos de foros, cada loco con su tema, solía decir mi Viejo. Y tampoco podemos negar que todo aquél que sube o comparte su trabajo fotográfico, espera de manera tácita o expresa, una suerte de respuesta, de retribución por el simple hecho de subir o compartir su trabajo. Los egos se chocan. Las susceptibilidades afloran. Se genera un tipo de caos organizado. Nadie quiere herir susceptibilidades, y nadie quiere ser herido en la misma. Se produce un tipo de acuerdo colectivo entre todos los usuarios; porque, como dijimos más arriba: desconocer a la otra persona nos hace actuar de manera tal que si el trato fuera personal, sería seguramente distinto.Y como la opinología comentarista está provista de la invisibilidad que permite la red —con su consecuente impunidad también, por qué no?— es imperioso relacionarse con el más estricto respeto. Detrás de las fotos, detrás de las computadoras, hay personas. Pero...y las fotos?.

El usuario que ve el trabajo del otro, carga con su propia historia personal acerca de la mirada fotográfica, nadie suele ver lo mismo que el otro. Pero existe para mí algo que es inherente a todos lo que practican la fotografía: el pensamiento fotográfico, el cual es ineludible. Ciertas normas, pareceres y sensaciones que se producen al observar la fotografía de otro. Hay fotos y fotos. De las fotos que a todos nos gustan, no vale la pena mucho hablar, nos gustan mucho y solemos elogiar. Pero...y de las que no nos gustan?. Qué hacemos? Hacemos silencio?, y con eso decimos todo?. Expresamos fielmente lo que nos parece?. En tal caso, cómo lo hacemos?. Yo creo que la mayoría prefiere el aliento a la crítica, porque cada fotografía es personal, y en los foros -comunidades suele reinar una atmósfera hippie;  pero......si mentimos y ocultamos detrás de comentarios enmascarados lo que realmente sentimos, qué efecto tendrá en la mirada de quien está del otro lado?, tendrá algún efecto?. Más allá de un eterna discusión acerca de que son los errores fotográficos, y por más que muchos se rasguen las vestiduras para evitar hablar de ellos, hay detalles y cuestiones que se expresan a través de ciertas fotos a los cuales el pensamiento fotográfico no puede escapar. Señalar este tipo de errores, puede llegar a ayudar en la construcción de una mirada fotográfica en el otro?.

Yo creo que sí, pero nadie quiere interpretar ese rol. Porque ese señalamiento luego puede volver, y nadie quiere ser señalado; la mayoría espera ser recompensado por su fotografía. O nadie se siente capacitado para señalar algo que internamente sabe que está mal; mal en el sentido de que no sólo lo ve, sino que siente cierta incomodidad al ver la foto. En la medida que los usuarios animen a expresar este tipo de sensaciones, todos podrán enriquecerse con la interpretación de la mirada del otro.


Los foros-comunidades, su dinámica dentro de la red, deberían plantearse poder tener la capacidad de crear una atmósfera casi fraternal hacia los usuarios. Siempre imaginé a las personas subiendo y presentando sus fotos, y pensaba en una relación de lazo fraternal, familiar casi; con todo lo que esa relación implica. La invisibilidad de la red nos da una oportunidad única, la de ser mejor de lo que podemos llegar a ser, porque la relación, a pesar de ser grupal, es siempre personal, porque frente a la computadora, somos y estamos solos. Deberíamos poder decirnos lo que vemos que está mal, deberíamos poder respetar la opinión del otro que se contradice con nuestra propia opinión de la foto y la fotografía, deberíamos dejar de esperar la gratificación, de ir detrás de exclusivamente el elogio, deberíamos dejar de elogiar a aquellos que profundamente sabemos que no estamos haciendo bien sólo elogiando su trabajo, ser más honestos con nuestra propia mirada acerca de su foto, 

Sobretodo quienes tienen más experiencia en la fotografía, los que por lo general resultan en los creadores y/o administradores y moderadores de los sitios.

Todos siempre deberíamos, pero bueno.

lunes, 27 de julio de 2015

Deconstruyendo la Filosofía

Darío Sztajnszrajber escribe como habla. Yo he visto un par de temporadas de su ciclo televisivo Mentira la Verdad, y el formato de su Pequeño Tratado sobre la Demolición, libro que acabo de terminar; tiene el formato de su dicción televisiva plasmado casi sonoramente. Uno mientras lee parece estar escuchándolo dentro de su cabeza. Esto me pasó recuerdo con algunos libros de Cortázar, que leí y releí luego de ver la película-documental que hiciera Tristán Bauer y los posteriores audiolibros que bajé y que escuchaba muchas veces nomás saliendo a caminar por la ciudad. Darío tiene una forma de hablar muy peculiar, no por su forma en sí, es decir, todos hablamos peculiarmente; pero cómo marca sus palabras, la entonación de sus oraciones, lo melodioso de sus interrogaciones, etc, etc. Esto y su personal forma de ver a la filosofía, de tratarla y finalmente me atrevo a decir a demolerla......es decir, deconstruirla.



El libro es un viaje en sí, tiene la capacidad de llevarte y transportarte a los lugares que recorre en este viaje. A medida que este viaje sucede, en diferentes escenarios y situaciones, él desarrolla todo su abanico de pensamientos e interrogaciones acerca de esos mismos escenarios y situaciones, profundamente. Filosofía de barrio, de entrecasa, diaria, cotidiana. Una invitación al pensamiento, al desarrollo de nuestros propios pensamientos acerca de nuestros propios escenarios y nuestras propias situaciones. Una invitación a la interrogación perpetua como vínculo hacia el infinito conocimiento, para mantener viva la llama de la curiosidad. Matizado con breves pasajes, anotaciones y luces de los grandes maestros de la filosofía antigua y contemporánea, pequeñas clases; pero deconstruídas también, nada se salva, todo es indagado por la mente, la dicción, la escritura y el pensamiento de Darío, implacable.


A lo largo de los 50 capítulos de duración, el ritmo es vertiginoso; y cada capítulo es un salto hacia vacíos que esconden más capítulos. Es imposible no detenerse a veces a mirar el techo y digerir lentamente las ideas que se plantean a lo largo de cada uno de ellos. Que además, son cortos. No es un libro pesado, de esos que cada tanto animan a abandonarlo; es de esos que se disfrutan, que uno desea que no se termine. Yo, por lo general, suelo tomarme un tiempo largo para leer, no me gusta devorarlos (podría); y además, los períodos entre lectura y lectura me sirven para digerir todo el material leído. Una pausa para pensar lo leído. Darío habla de la muerte, del amor, de todo......del ser. Y de la nada. En un lenguaje ameno, muy amigable, con guiños hacia la argentinidad que lo caracteriza, además. Si se lo encuentran en la librería, llévenselo.

sábado, 25 de julio de 2015

Notas acerca de la Fotografía XII - Pincel de Autor

Cuando se edita la composición de un paisaje, yo recomiendo la edición por zona, utilizando el pincel de Lightroom (en mi caso personal), pero en diferentes casos, la recomendación es la misma. Diré por qué:


Es importante desde el momento en que se realiza la composición de la fotografía, en construir la imagen lo más armoniosamente posible, utilizando para ello las líneas imaginarias que dibujan las diferentes formas dentro del paisaje, con la mayor variedad de texturas posibles. El fotógrafo de paisaje, está —como todo fotógrafo— suscrito a la intensidad, forma y dirección de la luz mientras. Sumado a ella, las condiciones del terreno; aunque me refiero hoy aquí estrictamente a zonas montañosas, donde se mezclan los árboles, la altura de la montaña, las diferentes espesuras y tonalidades de la capa de los bosques, el curso de un río, la dimensión de un lago, etc. Para plasmar el paisaje que primero es mental —porque no se trata de demostrar el lugar que vemos, sino de mostrar (plasmar) cómo nosotros mismos lo vemos— es (otra vez y siempre) importante aprehender las zonas donde la sombra (en el caso de toparnos con ella) esté presente dentro de la composición: cuánto abarcará, de qué forma la abarcará, si será parte de la composición —donde en ese caso, encontrar la manera de que su forma se complemente con los espacios inmediatos que ella misma delimita, como si fuera una zona que equilibra y sopesa toda la zona expuesta de la composición—. La cámara tiene su propia limitación técnica, y dependerá del ojo del fotógrafo para traspasar ese límite desde la intuición misma, para hacer la foto allí pensando y sabiendo como compensar esa falta de luz luego en la edición: de intentar llevar a la imagen, la imagen que estamos viendo en ese mismo momento. Allí es donde entra el pincel de edición como herramienta del fotógrafo.

La mayoría de las fotos de paisajes, o las que por lo general suelo ver casualmente, tienen zonas sin exponer que desbalancean el paisaje mismo. Esto ha de ser porque simplemente, no les importa, imagino yo. Hay sombras que denotan la intención del fotógrafo. Hay otras que no, y esto lo sabemos de forma tácita e inexplicable quienes acostumbramos a hacer fotografía con más asiduidad y pasión que otros. Un entendimiento colectivo que tiene que ver con la intuición y la percepción fotográfica. El ojo ve a través de ciertas sombras en los paisajes, la cámara no. La cámara entra en conflicto, pierde la brújula, entonces: o deja una espacio negro, o deja un espacio totalmente blanco, sobreexpuesto. Por esto, yo casi siempre sub-expongo las tomas; y por la misma razón que vengo vagamente argumentando: el pincel de edición. Y porque de la sobreexposición, como todos sabemos, no se vuelve.

Una vez que tenemos nuestra fotografía para el trabajo de edición, así como durante la composición de la misma, intentaremos ver a través de formas, de zonas; los lugares donde la luz tenga mayor o menor intensidad, para así dividirlos y editarlos por separado. Las diferentes opciones son todas útiles, y no hay una sola forma que dictamine un mejor resultado; para esto, hay que probar y ensayar mucho, porque es sobradamente personal el asunto. No es lo mismo bajar la exposición de una zona con la opción de Bajar Exposición misma, que bajando la opción Sombras. O subiendo el Contraste. Y viceversa cuando la zona es oscura. No es lo mismo dar detalle con la opción de Enfoque, que subiendo la Claridad. Es decir, es muy útil ir probando diferentes combinaciones y llevar los ajustes hasta sus puntos límites, para así conocer las posibilidades de cada herramienta. Desfigurar la imagen, para ir recobrándola de a poco; y luego tener cabal idea de hasta dónde se pueda llegar. Conociendo los límites y los extremos de cada ajuste, tendremos una mejor idea de lo que significará para nosotros el equilibrio justo de una imagen en la edición.

viernes, 24 de julio de 2015

El Fondo es el Impulso

Desconozco cuánto ha pasado desde la última vez que recogí algunas palabras y las sembré desesperanzado en estas líneas. Hay días en que me siento condenamente triste, y hoy es un día de estos, por eso la siembra, por eso la desesperanza. Me inunda la tristeza y desborda todos mis sentidos, siento que fluye a través de todo el cuerpo, y hasta me impide realizar cualquier tipo de actividad física, salvo la de escribir. Me aquieta, me sumerge en el abismo indescifrable de los pensamientos oscuros, como ese que siente que cuando piensa oscuramente es cuando piensa realmente, cuando aflora un verdadero yo. Vaya uno a saber si es tan cierto como un deseo víctima de la desesperanza. Uno tiende a pensar rápidamente en la muerte, en cualquiera de sus formas, porque de alguna manera, algo muere cuando estamos tristes, cuando la depresión se hace aguijón profundo y hiere, de muerte, en definitiva. Como si fuera cíclico, como la vida misma. 

Mi padre falleció hace largo tiempo ya producto de una enfermedad vil como es el cáncer. En su caso, la misma enfermedad lo postró en una cama —y esporádicamente en una silla de ruedas— hasta el fin de sus días. Le dieron tres meses de vida cuando debieron operarlo, pero murió tres años después. Mantuvo estoico su estado de ánimo (me pregunto si no escribo porque no me sale llorar) durante todo ese tiempo de larga agonía. Lo que más le dolía, era su tristeza. Un hombre mayor que sabía: había vivido ya su tiempo, no merecía terminar así. Él pensaba mucho en la muerte. La ansiaba. Muchas noches me confesaba esperar no despertar, es inimaginable sus sensaciones y sus pensamientos al despertar cada día. Me siento avergonzado cuando mi tristeza me tumba y permanezco largos ratos observando el techo, sin nada más que el silencio que retumba y aturde por toda la casa. La tristeza te hace pensar hacia atrás, un análisis exhaustivo de todo lo que ha sido y hecho hasta aquí, tumbado en la cama, con ganas de desmaterializarse egoístamente. Avergonzado por el estoicismo de mi padre, que todavía me daba consejos desde la cama. Avergonzado porque pienso en la muerte como quien piensa en que va a cocinar para la cena. Recuerdo una pequeña frase de Pessoa, del Libro del Desasosiego: yo no estoy triste, soy triste. Con tristeza leí esas palabras, por lo identificado que me sentí con ellas. Mis lamentos son un río de historias inconclusas, de inútil revisión diaria, de amores tragicómicos, de amigos desconocidos, de una soledad increíblemente inútil; no sólo por su existencia, sino por su incapacidad de inmolarse, de dejar de existir, como instinto de preservación de quien la suscribe. Avergonzado porque comparo mi tristeza, mis deprimentes sensaciones y pensamientos con lo que imagino habrá sentido mi padre siempre moribundo durante el tiempo que duró su enfermedad, pero siempre presto a una sonrisa, a un guiño, a un chiste, a él mismo en su esencia. Paradójicamente, al tener un mínimo atisbo de su tristeza, me hundo un poco más. Jamás se recupera uno de la muerte de un padre de la manera en que lentamente se fue yendo mi Viejo. 

Diré más, sólo para autoflajelar mi sórdido espíritu en el día de hoy: ni siquiera estuve cuando él dió su último suspiro. Estaba de viaje, con mi familia, lejos….muy lejos de él y de todo. Mi madre me contó ese día: se había despertado como todos los días, lo dejó que terminara de despertarse, le preguntó si quería el desayuno. Él dijo que no, y no dijo más nada. Mi madre continuó con sus tareas habituales matinales y no lo fue a ver. Un rato después, el silencio le pareció extraño. Fue hasta la habitación, mi padre se había vuelto a dormir. Volvió a la cocina, pero inmediatamente dio vuelta atrás para volver a verlo. Intentó despertarlo, y notó que ya no estaba allí. Lo abrazó, ya llorando y mi padre abrió apenas los ojos, pero ya no eran sus ojos. Su mirada estaba perdida, no había brillo. Lo abrazó fuerte y le habló desconsolada, pidiendo lo imposible, apenas si tenía su último aliento. Lo acarició y terminó hablándole dulcemente, despidiéndolo. Sintió cuando se fue, cuando abrió por última vez su boca para respirar, para dar su último respiro. Y murió allí, donde pasó los últimos día de su vida, en su casa.

Hay días en que lamento no haber estado allí. Aunque él supo que yo no iba a estar ahí, me instó a que no perdiera el viaje. Contaba mi madre rumbo al cementerio que una semana antes de su muerte le dijo: —me parece que no llego a ver a los chicos, che. Mi hermano también había viajado lejos, él tampoco pudo verlo en su lecho de muerte. Luego también dijo mi Viejo: —qué bueno que pudieron hacer lo que yo nunca pude hacer. Que estaba contento. Y yo ahora que se me piantan unos lagrimones mientras escribo que él estaba contento. Y dejo que la tristeza fluya aún más, que toque fondo, porque una vez que se toca fondo es cuando se tiene pie para empezar a subir. El fondo es el impulso. Avergonzado de no tener la fortaleza de enfrentar con positivismo mis propios problemas, preso de mi propio silencio. Pero con la certeza de saber que, como sea, hay que enfrentarse a uno mismo. Quizás uno escribe porque escribir es llegar al borde del precipicio, y las palabras mismas son el vacío hacia donde uno se arroja; libremente, con la desesperanzada esperanza de siempre, pero siempre al fin se arroja. Allí voy.


sábado, 18 de julio de 2015

Notas acerca de la Fotografía XI - Tocar con la Mirada

Cómo es posible que tengamos la ¿impresión? de percibir sensorialmente texturas a través de la mirada?. Ciertamente es maravillosa la mirada y el ser humano (en general). 

¿Cómo se traduce la sensación de una textura que observamos en una fotografía?, mucho tendrá que ver la memoria personal y colectiva de la textura en particular que estemos observando, imagino. Pero, y qué pasa cuando vemos, por ejemplo, la fotografía de un ave a la que nunca hemos visto y posiblemente nunca veamos—y la composición y luz de la imagen nos da la sensación de la textura de sus alas?, lo haremos por una suerte de comparación?, nuestra mente (memoria) busca en la base de datos sensoriales un recuerdo (otra textura) con la que hayamos tenido contacto  y que de alguna forma se aproxime a lo que estamos viendo; y así a través de la mirada (de la fotografía), sentimos. Tal vez. Y a su vez, depende de cada textura en particular, y éstas, como posibilidades, son infinitas. Bastaría con detenerse a observar todas las superficies que nos rodean para descubrir que a través del tacto (ese sentido tan extenso!, el organismo cuenta con 4000 millones de receptores para percibir el dolor, 500 mil para sentir la presión, 150 mil para la percepción del frío y 16 mil para el calor, por ejemplo), damos también consciencia de la existencia de las cosas; y nos relacionamos con ellas.


La observación e interpretación de las texturas a través de una fotografía no depende pura y exclusivamente del observador (del ávido observador) sino también de la presentación de esa fotografía. Y si así seguimos, de la composición de esa fotografía. Cuando hablo de presentación, me refiero a la posterior edición de la imagen. Cuando la textura es el sujeto de la composición, debemos tratarla como tal, destacándola y extremando el cuidado de no sobrepasar el límite que ella misma supone, que es cuando ya no se destaca la textura hacia la interpretación sensorial, sino hacia la pericia de la edición de la misma. De la misma manera, cuidar la exposición a la hora de componer y hacer la fotografía. Un exceso de luz sobre cualquier tipo de superficie tiende a sobrepasar el límite del que hablo ya desde entrada, nomás. De la sobrexposición no se vuelve.

Y como la textura conecta directamente con la percepción sensorial a través de la mirada, toda textura es interesante fotográficamente, sólo depende de la creatividad e imaginación de quien construya a través de las mismas. Alguien ve una superficie congelada y recordará el frío de la infancia. Alguien ve la arena del mar y rememora veranos inolvidables. Alguien ve una llanura con cual sea el tipo de vegetación que la componga y sentirá deseos de salir de su casa. Es un juego tácito, donde los participantes no se ven ni se conocen y posiblemente nunca jamás lo harán; pero la fotografía puede despertar sentimientos, sensaciones en el otro que por un momento, o dos, o durante mucho tiempo; le genere algún tipo de acción (interna o externa) que modifique de alguna forma su estado de ánimo.

Y esa conexión, es mágica. Aunque las brujas no existan. Más allá de ser un ejercicio sumamente solitario la fotografía, es también la posibilidad de conectar a través de la mirada de otro, sin medir el impacto,y tras esto: sin descubrir los egos. El lenguaje de la imagen es tácito y reservado, pero sucede; y cuando sucede......