Llegué cansado a media tarde. Además había trabajado de noche y estaba fusilado. Me pegué un baño y me recosté. Pensé en dormir como un campeón. Pero no. Estaba conectado el Chromecast, así que colgué a ver las notificaciones de Youtube. Drexler había subido video nuevo: Asilo se llama la canción. Canta con una mujer que yo desconocía totalmente. Se llama Norma Monserrat Bustamante Laferte, es chilena pero vive en Mexico; y los millones que la conocían antes que yo la conocen como Mon Laferte. Alguien acertadamente comentó debajo del video, y cito: "Hermosa canción, sus voces como balancéandose en un baile!". Eso es. Lo fusilado no estuvo más, tampoco el sueño, nada. Tenía que escuchar yo más esa voz.
No son muchas las bandas que escucho que cantan en inglés. Siento mucho más fuerta la necesidad de "escuchar" lo que cantan, es decir, la letra. Un cuestión de identidad tal vez. Claro que la música cuenta, no por querer escuchar cantar en criollo te vas a fumar cualquier ruido. Lo foráneo tiende a ser, en la manera en que se lo presente o venda, un producto no sólo mejor, sino único. Y la música suele entrar en ello, y casi sin darse cuenta; se pierde el interés por escuchar a las bandas que cantan en tu propio idioma. El asunto, más allá de los gustos, contra los que no hay ningún tipo de disputa, puede resultar en la "calidad" de la música. Y ahí ya estamos en un quilombo bárbaro, ¿qué carajos es la "calidad" de una banda?. Hay otros actores dentro de todo este juego, como la difusión sobre todo, ¿cómo llegan las bandas a grabar?, y si acaso lo logran, ¿cómo resulta la difusión de su música?. Hoy por hoy, las redes sociales son la posta. Youtube, el punto donde nos encontramos todos. Usted dirá Spotify, yo no porque no lo uso. U otros.
Como dije recién, más allá de la cuestión de gustos; en tanto y en cuanto uno escuche más y más bandas, el paladar musical resulta en un abanico bastante amplio. El gusto, al diversificarse, tiende a la selección. ¿La tarea más invisible, imperceptible y noble quizás?, no perder el sentido común, la objetividad a la hora de escuchar la música, oído de productor vamos teniendo. —Son horribles, suelo escuchar. La tendencia a calificar de forma enérgicamente negativa lo que no nos gusta. Y de golpe te cruzás con alguien que te dice —horribles?, a mí me encantan. Otro quilombo bárbaro, ¿son horribles porque no nos gustan o son horribles porque son horribles?, ¿por qué? en tal caso. En fin, es largo el debate; como sea, el nivel y el límite de selección siempre es infinitamente propio y personal. Puede pasar que mientras más escuches, más vuelvas a los clásicos, o a quella música que —como toda— no pasa de moda y ha sido por partes la banda sonora de toda tu vida.
Así, siempre en la búsqueda de bandas nuevas, y si cantan en argentino, mejor. No digo español porque no soy español; y porque hay cada vez una forma de escribir y cantar que es argentina. ¿Cómo no escuchar, entonces?. Es cultural el asunto. Así, decía, encontré a El Kuelgue. Una banda ecléctica. Voy a robar un poco de la descripción que hacen en su página web, con la que coincido plenamente: logra combinar con éxito los ritmos latinos, la improvisación y la canción. Y de otra web: una asociación libre de letras que juega con los límites del humor
absurdo. Cada tanto, las cotidianeidades del lenguaje y de melodías que
andan dando vueltas por ahí se hacen propias, dando lugar a
improvisaciones que de a poco van ganándose un puesto fijo en cada
canción.
Los chabones tienen 3 discos en su haber. De los 3, que los escuché; recomiendo el último: Cariño Reptil. Es un disco que te pone de buen humor, todas las instrumentaciones son un relajo total, te hacen mover los piecitos, cabecear como si estuvieras en un video clip, querer saberte toda la letra (porque su cantante tiene una forma muy "actoral" para cantar, su dicción y su manera de encuadrar las líneas dentro de la melodía). Canciones con una sonoridad muy personal, una fusión exquisita, unas progresiones de acordes que te vuelan un poco la peluca, una banda con todas las letras. Hay dos canciones que en lo personal me hacen volar cada vez que las escucho: Ayer Real....
¿A dónde van los muñecos perdidos?
¿Dónde duerme el Duravit?
Si se esconden estos tiempo adorados
para mi, mejor dormir.
Ayer se encontraba con hoy para medir el tiempo
que tal vez se despidan, perdón y brinden hoy.
El saxo te saca a pasear, mal. Y la viola, va, viene; otro paseo fenomenal. Una melancolía alegre, sanadora. Un temazo. Como el que le sigue en el disco: Verte Feliz, un paisaje sonoro con una atmósfera cinematográfica que es un lujo.
Es un disco para disfrutar entero, plenamente. Se los dejo:
FOALS es hoy por hoy mi banda de cabecera, para todos los estados. Los descubrí hace bastante, en esas búsquedas interminables en Youtube,
que vas de una banda a otra, escuchando de todo. Creo que son
británicos, pero ¿a quién le importa?, la música no tiene fronteras.
Tienen un sonido muy particular. Al principio, suenan como muchas bandas
(todas las bandas suenan así al principio); pero a medida que les fui
prestando atención —sobre todo en la calle, con los auriculares puestos,
con el volumen al taco— los arreglos de las dos violas son un vuelo en
sí.
El cantante se las ingenia para arpegiar y tocar fraseos más bien
cortos; para aportarle brillo y complemento a la otra viola y a su
propia voz también. Su voz......tiene un timbre altísimo, sucio; que
modula en los temas tranquis, pero todo pareciera siempre muy natural. A
veces canta con bronca, a veces enojado, a veces con muchísima
melancolía. Las teclas son las que te tiran el colchón perfecto para que
la vueles tranquilo; no se distinguen, aportan a cada canción. La banda
suena como una banda, sólo hay que dejarse llevar. Todo regado con
efectos de chorus y delay y otros que en particular escapan a mi
inteligencia técnico-musical. Suelen apagar las cuerdas cuando arpegian o
frasean también, algo que me pareció genial, sabiendo que la mayoria de
las bandas hoy por hoy: todo al palo, que brille, que explote. No hay
grandes o largas procesiones de acordes, de hecho hay mucha repetición,
es decir: mucho cuelgue. Ni explosivas distorsiones, ni el solo
característico. Se salen un poco del molde, y eso siempre me ha parecido
bueno. Hacen canciones, si te fijás; el violero rasguea como si
estuviera tocando emocionado en un fogón, después de un faso y un par de
vinitos calientes. Hacía mucho que no me pegaba tan bien una
banda....., qué linda que es la música cuando no te colgás a escuchar
siempre la misma música de siempre.
Allá lejos, en la adolescencia, lejos de adolescer, disfrutamos muchísimo de las bandas en vivo, y aunque la mayoría sonaban horribles, siempre había y hay una que se destaca, cuando esto por lo general sucede. Esta de la que les hablo mientras recuerdo se llamaba Murdock. Unos locos bárbaros, unos adelantados a la época (siempre teniendo en cuenta que la mayoría de las bandas hacían el punk y el heavy de los '70). De movida, no tenían cantante, eran dos violeros, un batero que la rompía y el bajista era el corolario de la suma de todos estos talentos.
Murdock escuchaba y tocaba una música que nosotros desconocíamos — aún cuando estaba explotando el grunge, Nirvana y todo lo que vino después— por esas épocas también, la música llegaba a través de los cassettes, de lo que escuchaban otros (no todos teníamos equipos de CD's, eso vino después, paulatinamente). Por ello, ir a ver bandas era no sólo un placer, sino una necesidad casi. Conocías gente, hablabas de bandas, te emborrachabas de todo; y cuando conocías bandas a través de las chicas, la cosa se volvía más que interesante.
Todo esto recordaba yo cuando descubrí a través de las naufragios en YouTube a un pequeño grupo de bandas que asemejaban de alguna manera el sonido aquél que yo siempre recuerdo como el de la mejor en banda en vivo de mi ciudad que pude ver. Pero mejorado. Por el sonido, por la época, por la sobriedad, por el gusto; escuchar Town Portal es como degustar un vino muy añejado con la sapiencia de un sommelier posta. A mí no me gusta catalogar a las bandas y a su sonido como si fueran botellas de vino tampoco; uno lee por ejemplo que dicen de estos pibes: Instrumental Progressive Post-Metal......WTF?. O sea. Queseyo......la banda tiene mucha fuerza, crea mucho clima, las distorsiones están prolijamente sucias sin mucho contraste, suenan brillantes pero no chillan, tienen un sonido claro, fuerte....y claro. El bajo tiene mucha personalidad, y si se me permite, tanto o más dicción que que la guitarra, porque ninguno canta. De útlima, consensuadamente digamos que son un power trío y listo; un power trío danés que la-rompe.
God is an Astronaut me ha cautivado ya desde la afirmación del nombre de la ¿banda?. Sí, es una banda: de 4 integrantes, de Irlanda y del siglo XXI. Dice la famosa pedia que todos visitamos, que se formaron en el 2002.
Como me suele ocurrir, buscando y buscando bandas y sonidos nuevos, a través de estas búsquedas, YouTube y sus algoritmos brujos hacen que aparezcan bandas y solistas que suelen estar relacionados con lo que estoy o acabo de escuchar. Y la verdad es que entre tanta cosa rara que aparece, muchas veces me dejo llevar por la intuición (ante casi todo) y otras veces por los títulos: de las bandas o de los álbumes; y God is an Astronaut, convengamos que es muy ocurrente. Al principio creí que era una banda puramente electrónica —debió haber sido porque le dí ► y me puse a hacer otra cosa y no le presté una debida atención. Cuando se escucha música de ese modo, la música suele ser no más que un viento. Eso me agrada. Y dependiendo de la velocidad del viento, de su carácter climático, se guarda para escucharlo bien después.
Resulta ser una compañera ideal esta banda. —Para qué?. Pues como para escribir (yo asumo que si usted está leyendo este blog es porque escribe en el suyo) o leer, o navegar, o cocinar, o tener sexo, o estudiar, o viajar en el auto, o en el bondi. Tiene un sonido electrónico que viene de los sintetizadores, pero la batería tiene un peso importante, le da tracción sanguínea a las canciones, a las variadas texturas musicales. Las guitarras se hermanan perfectamente con los teclados, y hay riffs y arpegios que te cuentan toda la historieta de cada track. Todo tiene su punto G, los comienzos, los puentes, los estribillos. Cabe mencionar aquí que la banda prescinde de un voz cantante, pero para ser sinceros, uno se da cuenta tal vez ya demasiado tarde de esto. Ya estás metido de lleno en el viaje musical de estos tipos, que será tu propio viaje, porque es una música que por sobre todas las cosas, evoca.
Y, amig@s, el viaje en tal caso, depende de ustedes, cada persona es un mundo.
En una de esas tantas tardes o noches cuando colgás a navegar en las recomendaciones de Youtube, donde poniendo a veces una banda cualquiera que hayas escuchado nombrar; o la que más disfrutes; y aparecen ahí al costadito una lista a veces interesante, a veces indignante. Así fue como descubrí a esta banda argentina llamada Go-Neko!. Es una banda que no tiene voces, pero pretende que las melodías, capas
sonoras y texturas hablen por sí solas, evocando sensaciones mediante la
vía instrumental.
A lo largo de Los Malos
de Verdad, entre la música cósmica y los sampleos de discursos y frases
grabadas, va a ir transcurriendo la historia que comienza de alguna
manera con la ¿presentación? de algunos personajes en el primer LP de la
banda. Esto se puede apreciar con muchísima más claridad teniendo a
mano los nombres de los temas y las maravillosas ilustraciones que
acompañan al disco. Que si no las pueden ver en los temas, pueden verlas
en su colorido sitio web, para
apreciar con más detalle la historia de la batalla al mejor estilo del
Eternauta entre 8th Man y los Malos de Verdad contra la rebelión del
pueblo liderada por el mutante Mike Ontry(espectacular juego de
palabras, me saco el sombrero) y el poderoso Sub-comandante Brown en un
paisaje cuasi-post-apocalíptico.
Incluso, está parte del
texto del último discurso de Salvador Allende: "No tengo otra
alternativa. Sólo acribillándome a balazos podrán impedir la voluntad
que es hacer cumplir el programa del pueblo" (y 8th Man se lo tomó en
serio), entre otras cosas y sutilezas no tan sutiles.
Todo este disco es un viaje. Personalmente, se me da por escuchar bandas instrumentales, para leer, para escribir, para cocinar, para dormirme, para viajar, etc. A medida que recuerde y descubra, iré compartiendo más música para viajar. Ahohra, denle ► a esta joyita, y permítanse volar un poco: