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miércoles, 2 de noviembre de 2016

Rescatando al Fotógrafo Ryan

Revisando una viejísima carpeta de mensajes encontré un texto que había escrito como ayuda para una presentación de un trabajo fotográfico de hace un par de años. Siempre me había gustado escribir acerca de la mirada sobre la fotografía, sobre el hecho mismo de hacer fotografía; porque el tema es sumamente subjetivo, y a cada línea surgía una nueva manera de redescubrir la fotografía, como arte, como hobby, como lo que sea que sea la fotografía.

Había recibido la invitación por medio de uno de los organizadores del evento fotográfico en cuestión. Me había sentido no sólo sorprendido porque tomaran cierto aspecto de mi fotografía como potencial de exhibición para el público abierto, sino un poco abrumado por la situación: sentía pánico de hablar en público. Debía presentar un corto (con música) con mis fotografías para ser visto durante una presentación de un día de presentaciones audiovisuales, junto con otros fotógrafos, obviamente; y antes de la exhibición del corto debía decir "unas palabras".

Por aquella época, no atravesaba un buen momento; mucho a mi alrededor me afectaba de maneras inauditas. La muerte lenta y la impotencia que desnudaba, por ejemplo.

Escribía de a líneas lo que imaginaba iba a decir. Creo que todavía debe haber algunas hojas de un viejo borrador que siempre tenía a mano en la mesita de luz, para cuando la noche y su recóndita calma hacían que las ideas se aclararan, o se potenciaran; y yo sentía una lucidez que no tenía ni tengo en otro momento del día. Cada tanto releía lo escrito y me pensaba como un adolescente adolescido por la idea de tener que aprender (con sublime puntería) de memoria esas líneas que se iban amontonando día tras día. Como no era mi época, siempre me ganaba la desesperanza y desestimaba todas y cada una de las palabras; o me inclinaba por la idea de la lectura; o de disculparme por ser un idiota que teme al público y no presentar palabra alguna, o bajarme del evento. En fin, toda esa vorágine de ideas que la desesperanza siempre desencadena.

Finalmente, luego de pasar el texto "en limpio" incontables veces, quedó el definitivo:

Una conjunción de hechos significativos para mi vida personal hizo que la fotografía se convirtiera en la forma más auténtica y placentera para poder expresar y desarrollar mi creatividad. Comencé hace unos 3 años; y desde entonces he prescindido (más que nada por aplazos monetarios y cuestiones de calendario) de cursos y de clases. Me debo mucho, siempre se está aprendiendo en esto.

Me he declarado sí, adicto a la fotografía; y la consumo regularmente a través de la red; lo que se —y que considero muy poco—lo he aprendido viendo, mirando, observando, y leyendo. Creo que tarde o temprano, uno comprende que la fotografía, por sobre todas las cosas, es luz; y es lo que la luz hace o deshace sobre todas esas mismas cosas —aún cuando las maneras de entender esa luz, la fotografía!, sean directamente proporcionales a la cantidad de fotógrafos y amantes de la fotografía que la practiquen, ya sea como un hobbie, como una profesión, como una pasión; y todos los “sión” que se les ocurra—.

Disfruto de la fotografía en general, suelo ir al bosque, suelo subir a la montaña, guardar recuerdos y lo que se me ocurra o tenga ganas de hacer, siempre y cuando sea de la manera lo más creativa posible. Estoy convencido de que la curiosidad de ver casi todo a través del visor de la cámara, es inagotable.

He elegido —y gracias a la generosísima invitación que me ha hecho Diego (Torchia) y todo el equipo que hace posible esta maravillosa muestra, a quienes les estoy muy agradecido por ello— presentarles un lado urbano. La fotografía es un intrumento de la imaginación, nos da la posibilidad de reencontrarnos con una capacidad de fascinación que por lo general perdemos, en la medida en que lo que se pierde, es la niñez. Para mí, la ciudad está llena de formas y escenas y sensaciones que invitan a perderse en ella, y descubrirlas desde esa personal fascinación, a través de la cámara como instrumento de la mirada, de la imaginación.


Huelga decir que de todo esto, debo haber dicho un porcentaje mínimo, afirmándome sólo cuando recordaba los puntos más importantes. Que la voz me tembló como si estuviera diciendo cobardemente mis últimas palabras frente a un pelotón de fusilamiento; pero que allí me mantuve, estoico; hablándome mientras hablaba, diciéndome que deje de mover de manera tan torpe las manos, que deje de llevármelas a la boca; que deje de titubear como un idiota y hable firme y claro. Terminé mi breve alocución refiríendome a mis nervios y a que creía que quienes me habían invitado a estar parado allí hablándoles habían cometido un grave error, lo cual generó unas risas cálidas que ayudaron a salirme del tormento al que estaba siendo sometido. Luego de esto, por fin pude ir a sentarme a mi lugar y ver las caras del resto de la buena concurrencia mientras observaban mis fotos en la pantalla:


 
 
 Debíamos presentar el video en un formato único que tenía que ver con el programa que también debíamos utilizar para realizarlo, cosa extraña. No recuerdo el nombre del programa, pero lamentabemente, la versión que subí a YouTube es de una calidad bajísima comparada con la que aquellos que estuvieron allí presentes tuvieron la ¿oportunidad? de ver.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Tus Fotos son una Mierda

Tus fotografías son una mierda. Te dices que te encantan, pero son una mierda y lo sabes. Todo el mundo lo sabe, pero nadie tiene el valor de decir lo que piensa. Te adornan y disimulan con palabras, como todo. Ocultan su incomodidad respecto de muchas de tus fotos; volcándolas hacia la indiferencia, descartándolas de forma tácita, silenciosa.....condenándolas. Ellos lo saben y tu lo sabes, esas fotos no sirven, y tu mirada no dice nada. Y ellos tampoco. Pero y si....dijeran algo?. Cambiaría?. Tal vez. Tal vez no. Pero serían más auténticos. Hay pensamientos que se vuelven palpables en el aire, incluso si ni siquiera estás viendo a la persona. Porque tu sabes que tus fotos son una mierda. Y si lo sabes, por qué las muestras?. Por esa cuota de lástima que te tendrán?, porque se apiadarán de la escasez de tu mirada?. Nadie pasa a visitarlas, al lado, al otro lado, arriba, abajo...hay otras fotos, de otros fotógrafos...y ellos tienen más visitas, más estrellitas, más corazones, más pulgares hacia arriba. Y comparas, y te das cuenta que nunca llegarás a esas fotos. Por qué no llegaré a esas fotos?, qué estaré haciendo mal?....no basta con el ímpetu, con las ganas; eres limitado, sabes que no puedes dar más de lo que tienes te dices—. Para qué existen esas estrellitas, esos corazones, esos pulgares hacia arriba....?...son una vara que...qué mide?, o para qué....mide?. Tal vez, si alguien tuviera el valor de decirme que no le gustan mis fotos, y luego contarme por qué es que no le gustan....podría yo ver algo que no estaba viendo, y eso me podría llevar a ver de otra manera.....todo. Pero...estoy preparado para la honestidad brutal?, alguien acaso lo está?. Somos todos tan vulnerables con respecto a la fotografía. Sólo con respecto a la fotografía?, qué dice de nosotros que no soportemos que a alguien no le gusten nuestras fotos?. Le echamos una culpa?, nos hacemos los desentendidos dando a entender que ellos no entienden mis fotos?. Aflora la soberbia?. La fotografía es la soledad absoluta, todo sucede dentro; pero nadie habla de fotografía, todos hablan de las fotos. Y qué sería hablar de fotografía?, pues hablar de nosotros, porque somos lo que vemos, y cómo lo vemos. Pero desnudaríamos nuestros egos, y la desnudez de los egos de los fotógrafos es una pornografía indigerible. Hablar de las fotos podría ser como hablar de cómo vamos vestidos, y no de por qué se nos antoja vestirnos así. Tal vez el error sea simplemente hablar, porque, en última instancia, el lenguaje de la fotografía, es silencioso, es mudo, prescinde de las palabras. Pero aún así, las palabras vienen a trazar una frontera, un antes, y un después. Y es en esa frontera donde paradójicamente perdemos el límite, la brújula. Cuándo son una mierda mis fotos si veo que otras fotos también lo son y tampoco digo nada?. No estamos hechos para esto, sin duda. No sabemos expresar lo que nos duele, lo que nos hace ruido, lo que nos disgusta, lo que nos incomoda, lo que no nos cierra. Es mejor evitarlo y concentrarse en una sola foto, que está buenísima! —y el resto?, —no, el resto no, el resto es una mierda, tiralas; que sos un capo igual.

 


sábado, 8 de agosto de 2015

Notas acerca de la Fotografía IVX - Horizontes Claros, Horizontes Torcidos

Se me vino a la mente una frase de Michael Freeman que leí hace un tiempo, ahora mientras subía una foto a mi cuenta personal de Flickr: "el fotógrafo debería hacer un juicio crítico, no técnico". La foto en cuestión es la siguiente:


Ya lo había citado antes a Freeman, y había agregado al respecto (de otra foto): dicen que el horizonte siempre tiene que estar recto para que una fotografía sea correcta, pero si vos decidís que tu fotografía será mejor con el horizonte torcido, adelante nomás.
 
De tanto en tanto uno suele ver en diferentes webs o grupos o comunidades (de fotografía) diferentes tipos de fotos donde el horizonte, está inclinado hacia alguno de los lados. El horizonte inclinado creo, puede ser tema de debate crónico; cada uno tendrá su propia cosmovisión al respecto; pero como mencioné en la entrada anterior existe para mí algo que es inherente a todos lo que practican la fotografía: el pensamiento fotográfico, el cual es ineludible. Uno va adquieriendo a lo largo del tiempo pequeños conocimientos acerca de la fotografía, que tienen que ver por ejemplo, con la composición, la regla de los tercios y otras menduncias que todos nos sabemos. 
 
El horizonte torcido es una de ellas. Y cuando uno ve una fotografía así, es inevitable no verlo, no pensarlo, y no sentir algo respecto. El horizonte torcido, en tanto y en cuanto sea visible dentro de la composición de una imagen, se pone de manifiesto de manera forzosa casi. Por esto motivo resulta importante, y en última instancia enriquecedor llevar esta cuestión hacia el carácter compositivo de la fotografía, de manera consciente, intencional. Adquirir la idea del horizonte torcido de la misma manera en que se adquieren las citadas menudencias y transformarla en verdadera herramienta de trabajo para la composición. Tenerla siempre en cuenta, aunque de manera tácita e inconsciente siempre la tengamos presente. La horizontalidad es un concepto que está tan arraigado al ser humano que es difícil escaparle. Una forma posible es inclinando el horizonte; no sólo jugando con la perspectiva, sino balancear el peso y el volumen de la imagen de manera tal que choque con la preconcepción de lo horizontal que todos tenemos.

En la fotografía que adjunto en esta entrada: lo que yo ví al componer la imagen fue  que un plano habitual, es decir, el árbol esgrimiendo toda su verticalidad en la soledad de esa determinada geografía, en este caso la estepa patagónica; era una imagen....demasiado plana (perpendicular) para mi gusto. Por ello es que empiezo a jugar con la perspectiva, dejo de ver al árbol como motivo principal de mi fotografia y me concentro en el fondo, en el resto, que es lo que no me cierra a la hora de componer. Descubro dos espacios y una línea que divide estos dos espacios en el cuadro; el cielo nublado y la luz plana hacen que la imaginación se dispare, el árbol, de pronto, vuelve a ser el sujeto, pero inserto entre estos dos espacios que son ahora  dos mundos imaginarios. Sujeto y fondo componen y funden la escena que estoy fotografiando. La copa del árbol: ahí tengo y descubro a su vez otra forma, que se relaciona directamente con todo el cuadro. La copa tiene una forma semicircular, que me da una idea de movimiento, de rotación; cuando doy cuenta de esto en la maquinación de la composición de una fotografía—un proceso que dura instantes, instantes que duran una eternidad — es que inclino casi instintivamente la imagen, como siguiendo el movimiento que me dicta la imaginación: mi imagen está rodando hacia la izquierda. Le añado peso  y volumen de forma equilibrada hacia los ángulos extremos, que además resultan ser los dos mundos diferentes (diferente color, diferente textura, diferente luz). Desbalanceando mi imagen siento que le doy equilibrio. Y al final, cuando la veo en la pantalla de la cámara, esbozo una sonrisa, me siento satisfecho visual (y espiritual)mente con todo lo que experimenté primero dentro de mi cabeza.

Una cosa es el horizonte torcido intencionado del autor, y otra es cuando dentro de la foto empiezas a jugar con algunas de las probablidades: que es probable que no se haya dado cuenta o que NO lo haya tenido justamente en cuenta. En cualquiera de los casos, desconocemos si está en conocimiento; pero lo alcanzamos a intuir. Es importante aprehender un concepto básico, porque sirve luego para deconstruirlo, desarticularlo y re-utlizarlo en beneficio propio, en este caso, de la composición no de una fotografía, sino de nuestra mirada misma. 
 
Y en el caso de Freeman, como así también lo que tratábamos en la entrada anterior; si presentas fotografías en webs, grupos y/o comunidades y estás tal vez interesado en saber qué piensa el resto, si te expones de esa manera; y esperas una crítica o una opinión al respecto, que esa crítica u opinión al respecto sean fundadas desde la intencionalidad de tu propia imagen. Luego, de gustos, la charla es infinita. Y no podemos gustarle a todos, yo desconfío de aquellos lugares donde nadie tiene la osadía de señalar algo con lo que no está de acuerdo, siguiendo el instinto de su propia mirada. Se trata de intercambiar cómo vemos lo que vemos, y no de generar un culto a la imagen.

miércoles, 29 de julio de 2015

Notas acerca de la Fotografía XIII - Forolandia

No debe haber en toda la red un foro de fotografía que se le asemeje a otro. Así como cada fotógrafo desarrolla su fotografía de manera única y personal, el conjunto de fotógrafos (usuarios) que comparten su trabajo en un lugar común, hacen de ese lugar uno personal y único a su vez; de acuerdo a sus propios yeites y reglas. Son pequeñas (o inmensas) comunidades de personas a las cuales rara vez conocemos, pero como sucede en estos casos, intuimos. Con todo lo que ello implica, desconocer a la otra persona nos hace actuar de manera tal que si el trato fuera personal, sería seguramente distinto. Con todo lo bueno y lo malo del caso. Aunque en el caso de la fotografía, es un tema del cual tal vez se hable poco en la red misma; acerca del funcionamiento de estos foros, de estas comunidades.


Cada una tiene su propia dinámica, desarrollada con mayor (o menor) fluidez según el tiempo en el cual ese foro-comunidad se haya podido mantener no sólo vigente (on-line), sino con un buen flujo (constante) de usuarios participantes. Hoy por hoy, para la fotografía, la opción de exhibir los trabajos fotográficos es inevitable y sumamente práctica. Como decía Gasteu`s en Ratatouille: cualquiera puede cocinar, es decir, todo el mundo puede subir sus fotografías a cualquier foro, previo registro. Y encontramos desde el más exquisito fotógrafo hasta aquél que con una pequeña compacta dispara a todo lo que ve. Y más allá de cualquier tipo de filtro o moderación, todo el mundo es fotógrafo casi. Y repito, hay tipos de foros-comunidades como tipos de fotógrafos, con lo cual, existe la opción de sumarse al tipo de lugar donde una se sienta más cómodo.

El flujo de un foro está de alguna forma relacionado con —más allá de la participación de los fotógrafos (usuarios)— con el ego de éstos. Porque, no podemos negar el narcisismo que todo fotógrafo carga y/o sufre. Hay foros donde las fotos exhibidas son puestas en el paredón de los ojos críticos, como también aquellos donde todo trabajo es elevado a la categoría de arte. En ambos casos, no hay necesidad de juzgar el sistema por el cual se rigen estos tipos de foros, cada loco con su tema, solía decir mi Viejo. Y tampoco podemos negar que todo aquél que sube o comparte su trabajo fotográfico, espera de manera tácita o expresa, una suerte de respuesta, de retribución por el simple hecho de subir o compartir su trabajo. Los egos se chocan. Las susceptibilidades afloran. Se genera un tipo de caos organizado. Nadie quiere herir susceptibilidades, y nadie quiere ser herido en la misma. Se produce un tipo de acuerdo colectivo entre todos los usuarios; porque, como dijimos más arriba: desconocer a la otra persona nos hace actuar de manera tal que si el trato fuera personal, sería seguramente distinto.Y como la opinología comentarista está provista de la invisibilidad que permite la red —con su consecuente impunidad también, por qué no?— es imperioso relacionarse con el más estricto respeto. Detrás de las fotos, detrás de las computadoras, hay personas. Pero...y las fotos?.

El usuario que ve el trabajo del otro, carga con su propia historia personal acerca de la mirada fotográfica, nadie suele ver lo mismo que el otro. Pero existe para mí algo que es inherente a todos lo que practican la fotografía: el pensamiento fotográfico, el cual es ineludible. Ciertas normas, pareceres y sensaciones que se producen al observar la fotografía de otro. Hay fotos y fotos. De las fotos que a todos nos gustan, no vale la pena mucho hablar, nos gustan mucho y solemos elogiar. Pero...y de las que no nos gustan?. Qué hacemos? Hacemos silencio?, y con eso decimos todo?. Expresamos fielmente lo que nos parece?. En tal caso, cómo lo hacemos?. Yo creo que la mayoría prefiere el aliento a la crítica, porque cada fotografía es personal, y en los foros -comunidades suele reinar una atmósfera hippie;  pero......si mentimos y ocultamos detrás de comentarios enmascarados lo que realmente sentimos, qué efecto tendrá en la mirada de quien está del otro lado?, tendrá algún efecto?. Más allá de un eterna discusión acerca de que son los errores fotográficos, y por más que muchos se rasguen las vestiduras para evitar hablar de ellos, hay detalles y cuestiones que se expresan a través de ciertas fotos a los cuales el pensamiento fotográfico no puede escapar. Señalar este tipo de errores, puede llegar a ayudar en la construcción de una mirada fotográfica en el otro?.

Yo creo que sí, pero nadie quiere interpretar ese rol. Porque ese señalamiento luego puede volver, y nadie quiere ser señalado; la mayoría espera ser recompensado por su fotografía. O nadie se siente capacitado para señalar algo que internamente sabe que está mal; mal en el sentido de que no sólo lo ve, sino que siente cierta incomodidad al ver la foto. En la medida que los usuarios animen a expresar este tipo de sensaciones, todos podrán enriquecerse con la interpretación de la mirada del otro.


Los foros-comunidades, su dinámica dentro de la red, deberían plantearse poder tener la capacidad de crear una atmósfera casi fraternal hacia los usuarios. Siempre imaginé a las personas subiendo y presentando sus fotos, y pensaba en una relación de lazo fraternal, familiar casi; con todo lo que esa relación implica. La invisibilidad de la red nos da una oportunidad única, la de ser mejor de lo que podemos llegar a ser, porque la relación, a pesar de ser grupal, es siempre personal, porque frente a la computadora, somos y estamos solos. Deberíamos poder decirnos lo que vemos que está mal, deberíamos poder respetar la opinión del otro que se contradice con nuestra propia opinión de la foto y la fotografía, deberíamos dejar de esperar la gratificación, de ir detrás de exclusivamente el elogio, deberíamos dejar de elogiar a aquellos que profundamente sabemos que no estamos haciendo bien sólo elogiando su trabajo, ser más honestos con nuestra propia mirada acerca de su foto, 

Sobretodo quienes tienen más experiencia en la fotografía, los que por lo general resultan en los creadores y/o administradores y moderadores de los sitios.

Todos siempre deberíamos, pero bueno.

sábado, 25 de julio de 2015

Notas acerca de la Fotografía XII - Pincel de Autor

Cuando se edita la composición de un paisaje, yo recomiendo la edición por zona, utilizando el pincel de Lightroom (en mi caso personal), pero en diferentes casos, la recomendación es la misma. Diré por qué:


Es importante desde el momento en que se realiza la composición de la fotografía, en construir la imagen lo más armoniosamente posible, utilizando para ello las líneas imaginarias que dibujan las diferentes formas dentro del paisaje, con la mayor variedad de texturas posibles. El fotógrafo de paisaje, está —como todo fotógrafo— suscrito a la intensidad, forma y dirección de la luz mientras. Sumado a ella, las condiciones del terreno; aunque me refiero hoy aquí estrictamente a zonas montañosas, donde se mezclan los árboles, la altura de la montaña, las diferentes espesuras y tonalidades de la capa de los bosques, el curso de un río, la dimensión de un lago, etc. Para plasmar el paisaje que primero es mental —porque no se trata de demostrar el lugar que vemos, sino de mostrar (plasmar) cómo nosotros mismos lo vemos— es (otra vez y siempre) importante aprehender las zonas donde la sombra (en el caso de toparnos con ella) esté presente dentro de la composición: cuánto abarcará, de qué forma la abarcará, si será parte de la composición —donde en ese caso, encontrar la manera de que su forma se complemente con los espacios inmediatos que ella misma delimita, como si fuera una zona que equilibra y sopesa toda la zona expuesta de la composición—. La cámara tiene su propia limitación técnica, y dependerá del ojo del fotógrafo para traspasar ese límite desde la intuición misma, para hacer la foto allí pensando y sabiendo como compensar esa falta de luz luego en la edición: de intentar llevar a la imagen, la imagen que estamos viendo en ese mismo momento. Allí es donde entra el pincel de edición como herramienta del fotógrafo.

La mayoría de las fotos de paisajes, o las que por lo general suelo ver casualmente, tienen zonas sin exponer que desbalancean el paisaje mismo. Esto ha de ser porque simplemente, no les importa, imagino yo. Hay sombras que denotan la intención del fotógrafo. Hay otras que no, y esto lo sabemos de forma tácita e inexplicable quienes acostumbramos a hacer fotografía con más asiduidad y pasión que otros. Un entendimiento colectivo que tiene que ver con la intuición y la percepción fotográfica. El ojo ve a través de ciertas sombras en los paisajes, la cámara no. La cámara entra en conflicto, pierde la brújula, entonces: o deja una espacio negro, o deja un espacio totalmente blanco, sobreexpuesto. Por esto, yo casi siempre sub-expongo las tomas; y por la misma razón que vengo vagamente argumentando: el pincel de edición. Y porque de la sobreexposición, como todos sabemos, no se vuelve.

Una vez que tenemos nuestra fotografía para el trabajo de edición, así como durante la composición de la misma, intentaremos ver a través de formas, de zonas; los lugares donde la luz tenga mayor o menor intensidad, para así dividirlos y editarlos por separado. Las diferentes opciones son todas útiles, y no hay una sola forma que dictamine un mejor resultado; para esto, hay que probar y ensayar mucho, porque es sobradamente personal el asunto. No es lo mismo bajar la exposición de una zona con la opción de Bajar Exposición misma, que bajando la opción Sombras. O subiendo el Contraste. Y viceversa cuando la zona es oscura. No es lo mismo dar detalle con la opción de Enfoque, que subiendo la Claridad. Es decir, es muy útil ir probando diferentes combinaciones y llevar los ajustes hasta sus puntos límites, para así conocer las posibilidades de cada herramienta. Desfigurar la imagen, para ir recobrándola de a poco; y luego tener cabal idea de hasta dónde se pueda llegar. Conociendo los límites y los extremos de cada ajuste, tendremos una mejor idea de lo que significará para nosotros el equilibrio justo de una imagen en la edición.

sábado, 18 de julio de 2015

Notas acerca de la Fotografía XI - Tocar con la Mirada

Cómo es posible que tengamos la ¿impresión? de percibir sensorialmente texturas a través de la mirada?. Ciertamente es maravillosa la mirada y el ser humano (en general). 

¿Cómo se traduce la sensación de una textura que observamos en una fotografía?, mucho tendrá que ver la memoria personal y colectiva de la textura en particular que estemos observando, imagino. Pero, y qué pasa cuando vemos, por ejemplo, la fotografía de un ave a la que nunca hemos visto y posiblemente nunca veamos—y la composición y luz de la imagen nos da la sensación de la textura de sus alas?, lo haremos por una suerte de comparación?, nuestra mente (memoria) busca en la base de datos sensoriales un recuerdo (otra textura) con la que hayamos tenido contacto  y que de alguna forma se aproxime a lo que estamos viendo; y así a través de la mirada (de la fotografía), sentimos. Tal vez. Y a su vez, depende de cada textura en particular, y éstas, como posibilidades, son infinitas. Bastaría con detenerse a observar todas las superficies que nos rodean para descubrir que a través del tacto (ese sentido tan extenso!, el organismo cuenta con 4000 millones de receptores para percibir el dolor, 500 mil para sentir la presión, 150 mil para la percepción del frío y 16 mil para el calor, por ejemplo), damos también consciencia de la existencia de las cosas; y nos relacionamos con ellas.


La observación e interpretación de las texturas a través de una fotografía no depende pura y exclusivamente del observador (del ávido observador) sino también de la presentación de esa fotografía. Y si así seguimos, de la composición de esa fotografía. Cuando hablo de presentación, me refiero a la posterior edición de la imagen. Cuando la textura es el sujeto de la composición, debemos tratarla como tal, destacándola y extremando el cuidado de no sobrepasar el límite que ella misma supone, que es cuando ya no se destaca la textura hacia la interpretación sensorial, sino hacia la pericia de la edición de la misma. De la misma manera, cuidar la exposición a la hora de componer y hacer la fotografía. Un exceso de luz sobre cualquier tipo de superficie tiende a sobrepasar el límite del que hablo ya desde entrada, nomás. De la sobrexposición no se vuelve.

Y como la textura conecta directamente con la percepción sensorial a través de la mirada, toda textura es interesante fotográficamente, sólo depende de la creatividad e imaginación de quien construya a través de las mismas. Alguien ve una superficie congelada y recordará el frío de la infancia. Alguien ve la arena del mar y rememora veranos inolvidables. Alguien ve una llanura con cual sea el tipo de vegetación que la componga y sentirá deseos de salir de su casa. Es un juego tácito, donde los participantes no se ven ni se conocen y posiblemente nunca jamás lo harán; pero la fotografía puede despertar sentimientos, sensaciones en el otro que por un momento, o dos, o durante mucho tiempo; le genere algún tipo de acción (interna o externa) que modifique de alguna forma su estado de ánimo.

Y esa conexión, es mágica. Aunque las brujas no existan. Más allá de ser un ejercicio sumamente solitario la fotografía, es también la posibilidad de conectar a través de la mirada de otro, sin medir el impacto,y tras esto: sin descubrir los egos. El lenguaje de la imagen es tácito y reservado, pero sucede; y cuando sucede......


viernes, 26 de junio de 2015

Notas acerca de la Fotografía X - Las Fotos Mentales

Hay veces, y son muchas estas veces, en las que pienso que verdaderamente, las mejores fotografìas, no están hechas con la cámara. La fotografía genera, en general, en el fotógrafo, movimiento. Uno sale a hacer fotografías, y la mente se mantiene así en movimiento también. Lo que quiere decir que aún cuando no carguemos la cámara, la mente sigue haciendo fotografías igual, el proceso nunca se detiene, digamos. El fotógrafo no es fotógrafo sólo cuando carga su cámara, uno anda haciendo fotos la mayoría del tiempo, incluso, inconscientemente. Recuerdo una frase de Milan Kundera: "la memoria no guarda películas, guarda fotografías". Porque la luz, y al mazo.


Hacer fotos es un acto tanto voluntario como involuntario. Es más, tal vez la cámara restringe el proceso creativo de la mente al producir imágenes; no fotografiamos lo que vemos, sino cómo lo vemos. Y lo recreamos (o lo intentamos al menos) a través de las posibilidades técnicas que nos provee y permite la cámara. En esa recreación de las imágenes a traves de la fotografía, el fotógrafo ensaya siempre todos los puntos de vista posibles para tal empresa. Y el movimiento es obviamente la principal herramienta para lograr todos los puntos posibles para satisfacer la imaginación (como proceso de creación) de una foto. De hecho,  un fotógrafo está dotado, creo yo, con la capacidad de prever un punto de vista de una fotografía;  o tal vez sea el mismo proceso de satisfacción que lo lleva a la búsqueda, al movimiento. De todas las fotografías mentales que suelo hacer, las que más disfruto particularmente, son las que están hechas desde el auto; cuando manejo, para ser más explícitos. Quién no ha ido de acompañante?, o de viaje en un bondi mirando por la ventanilla!, haciendo fotos mentales.....?. Porque la luz.

Hay momentos en que la luz dibuja en nuestras mentes fotografías únicas, que tal vez no podríamos reproducir con la cámara; y que por el momento y la situación del momento además, es imposible que pudiésemos disponer siquiera de una cámara fotográfica. Salvo la mente. Estas fotografías, estos momentos son únicos para el fotógrafo, son para atesorarlos verdaderamente. De estos momentos también está hechao se hace también la fotografía. Incluso, hay algo allí que sucede de forma intensa también cuando se fotografía. Recuerdo una escena de La Vida Secreta de Walter Mitty, cuando el personaje de Ben Stiller se encuentra con el de Sean Penn; a punto de fotografiar al leopardo de las nieves, una toma que buscaba desde hacía años, y al momento de disparar, no lo hace, y en el medio del diálogo que surge entre los dos personajes, Sean Penn dice: "a veces no lo hago, si disfruto de un momento sólo para mí, personalmente, no me gusta tener la distracción de la cámara, simplemente quiero formar parte de él".



La foto mental representa para mí la llama del proceso creativo y por qué no?, desde donde surge luego el sentimiento de la fotografía mismo casi. Uno puede dar cuenta de la intensidad con la que se relaciona con la fotografía a través de estos ejercicios involuntarios de producir fotografías todo el tiempo. O simplemente, no puede dejar de hacerlo. El ojo fotográfico, la mente fotográfica, no descansa, aún cuando descansa. Como decía Kundera, la memoria guarda fotografías. Guarde usted también esos momentos como el de Sean Penn; antes, durante y después de una fotografía. Disfrute el proceso creativo.

Si ya ha alcanzado la cima de una montaña, no se apresure en bajar para contarles a todos que la alcanzó; atesore ese momento, guárdeselo, nadie le dará más valor que usted, y no representará para nadie lo que representa para usted. Viva el momento. Disfrute de la fotografía.

martes, 16 de junio de 2015

Notas acerca de la Fotografía IX - Jugar con Luz

Busco azarosamente algunas definiciones en la red acerca de la luz:  La luz es una forma de energía capaz de provocar cambios en los cuerpos. Y más adelante leo: El hombre siempre se ha preguntado qué es la luz. 


La mirada fotográfica está compuesta por incontables recursos naturales, es decir, la naturaleza del ser humano, y agrego: su relación con el entorno donde desarrolla su fotografía. Puede resultar provechoso comenzar a tener consciencia de la luz como una entidad con vida propia, como una forma de energía, como bien citaban en otro lado. Porque......no siempre uno anda haciendo fotografías con la cámara, el ojo fotográfico no descansa y no descansará nunca, la mente jamás deja de hacer fotografías. Y lo hace porque la luz hace, o deshace; lo que la mente hace en realidad creo yo entonces es: relacionarse con la luz. Porque la luz influye infinidad de veces en nuestro estado de ánimo, nadie es el mismo cuando a las 8 de la mañana es de noche en invierno y a las 8 de la noche, todavía es de día en verano. Las estaciones se desenvuelven a través de la luz. Como así mismo con su intensidad. Es mediodía con un calor agobiante con un cielo despejado, esa luz es dura, se aplica desde el cenit, y se enclava sobre todo; y a medida que la tarde avanza va aplacándose, va tiñiendo todo de dorado, y el dorado, resultado de la baja intensidad de la luz, nos provoca cierta calma, regocijo; estamos consciente, inconsciente y espirtualmente subyugados a esa luz; es difícil encontrar a un ser humano que no se sienta aunque más no sea levemente conmovido por un atardecer...

De la misma manera, la dirección de la luz. Con la dirección de la luz, toda forma existente sobre esta tierra se reproduce visualmente diferente según el sitio desde donde sea observada, y con la aprehensión de esa indistinta dirección se descubren las sombras, hermanas de sangre de la luz. Para el ojo fotográfico, este descubrimiento cotidiano resulta en un mundo paralelo donde es posible construir imágenes que revelen de manera única ese parentesco, ese límite determinante aún la hermandad. Y toda hora proyecta una diferente sombra. Una de las herramientas que resulta vital en un cámara fotográfica, tiene que ver, obviamente y a su vez, con la luz; con la capacidad de manipularla, justamente. Y aunque siempre va a padecer de una miopía importante, es de ese padecimiento del cual podremos sacar (cruelmente, podríamos decir a estas alturas) nuestro mayor provecho. Toda sombra resultará en una forma que se dibujará según nuestra percepción de la misma. Y cuando hablamos de nuestra percepción, sabemos que las posibilidades son siempre infinitas. Nos relacionamos aquí con la luz a la manera de un juego.

Pero no siempre la luz se manifiesta de manera directa, o como decía aquella canción: aunque no lo veamos / el sol siempre está. Los días en que las nubes cubren todo el cielo, nos imaginamos el gris. Todo está iluminado de forma pareja. Es  una ocasión excepcional para la práctica de la fotografía, es una caricia de la luz, todo es delicado y adentrarse en esa atmósfera es una aventura muy satisfactoria. La mirada tiende a extenderse sobre territorios que en días de sol son invisibles, fondos y texturas que se superponen, detalles para destacar, inmensidad para plasmar.

La luz tiene vida propia. Nace, crece, se desarrolla, agoniza y muere cada día; y cada día, esa vida (y esa muerte) es diferente; e intentar lograr conectarse con esa luz, jugar con esa luz......, intentar entenderla, dejarse llevar por ella, obervarla cada día, cada hora, cada momento; generará ese lazo amoroso que no nos abandona ni nos abandonará nunca. La luz prescinde de la fotografía. Su existencia y comportamiento son maravillosos sin la necesidad de crear imágenes a partir de ella. Cuando transluce un cielo que se abre lentamente, cuando ilumina el rocío de una flor por la mañana, cuando remarca la geometría de una ciudad, cuando se filtra por un bosque, cuando rebota en espejo de agua, cuando, cuando, cuando.



lunes, 15 de junio de 2015

La Digitalización de los Pesares

De pronto, mientras chusmeo algunas comunidades de Google+, encuentro un enlace a una nota titulada Un Libro examina cómo lo Digital ha convertido las Cámaras de Fotografía en Metralletas y la leo, algo reticente. El tiempo pasa, y todo cambia, todo el tiempo. He leído a muchos fotógrafos que vivieron la época del rollo y el cuarto oscuro que tienden a despotricar acerca de las nuevas tendencias de la tecnología hacia la fotografía. A la ciencia no le importa el arte, y no toda la fotografía es arte a ciencia cierta. No todos los que cargan un Iphone último modelo y hacen fotos fantásticas son artistas. Como así también hay quienes se dicen artistas y sus fotos no son más que la excusa para decirse artistas. Ha de ser, imagino, difícil adecuarse a estos tiempos de hoy donde todo avanza de una manera ilógica, desenfrenada; donde el folklore y el romanticismo de cierta época ha ido menguando, producto creo yo de este desenfreno, este vértigo, donde siempre se quiere más de lo que se tiene, en vez de disfrutar de lo que se tiene. O, sacarle el máximo provecho a la tecnolgía que se tiene, y estoy hablando de las cámaras fotográficas y los dispositivos móviles para recrear la fotografía. Y de la creatividad sobre todo.


 La masividad, ese metralletismo fotográfico del que habla Harvey Wang yo pienso que tiene que ver también con que en este mundo somos cada vez más y más personas, que por ello todo es frenético, estamos amontonándonos. Y no sólo somos cada vez más y de manera cada vez más peligrosa también, sino que, paralelamente producto de la globalización, de la teconología, que nos permite tener una mayor consciencia del otro en otro lado del mundo (aunque paradójicamente, esa consciencia no nos hace tomar consciencia que estamos en el mismo mundo, consumiéndolo) hemos adquirido la costumbre de mostrarnos y mostrar todo lo que vemos a todos, todo el tiempo. El nuevo lenguaje —que ha sido el lenguaje que hemos hablado por siempre la humanidad— es el de la imagen, hoy más que nunca es la manera más práctica de (¿)expresarse(?). Desde la idiotez de mostrar lo que estamos comiendo, hasta la magnificiencia del paisaje más inhóspito. Todo el mundo saca fotos. Todo el mundo muestra fotos. Todo el mundo quiere mostrar, todo el mundo quiere mostrarse.

Y desde el momento en que uno cae en la obviedad de utilizar el término todo el mundo para referirse a una tendencia que por sobre todas las cosas, se intuye; sabe que allí, dentro de esa término, hay otro mundo. Las personas que, obviamente, no pertenecen a ese metralletismo. Me gusta pensar que hay personas que aman a la fotografía como una forma de expresión sublime, un manifiesto de la creatividad, una oportunidad única, que la practican y ejercen con una felicidad inmensa. Esos mismos, estoy seguro que deben lamentar no haber vivido la fotografía del rollo, del cuarto oscuro. Ese romanticisimo, esa experiencia fraternal del conocimiento de un arte a través de las instrumentaciones propias de un época siempre, siempre.....en crecimiento, en expansión. Son esos mismos y otros tantos quienes estoy seguro que evitan ser parte de la media, del montón; que es un caldo de cultivo ese mismo hacinamiento de imágenes y que de ello se hacen a un lado, buscando justamente desde lo personal, desde la creatividad, romper esa estructura.

Nada ni nadie va a matar al espíritu de la fotografía, que como una forma de expresión artística, nace justamente de la necesidad de expresarse de manera alternativa a la tendencia de una época. Tal vez dentro de algunos años, los fotógrafos más jóvenes sientan que su fotografía resulta más auténtica con una cámara con rollo, que necesiten ese tiempo que flota entre la fotografía que se hace hasta la que se revela. Tal veztodo es tan relativo que mientras más frenéticamente vivamos, surja la necesidad espontánea de ver y experimentar nuestras propias sensaciones a un ritmo mucho más lento. Con costumbres que a muchos le parecen arcaicas.


Es decir, yo prefiero tener una mirada esperanzadora acerca de la evolución inevitable de la tecnología con respecto a la fotografía; porque detrás de la evolución, de la tecnología y de la fotografía, lo que vive en un continuo caos, es el espíritu humano; y desde el caos es de donde surge la creatividad. Es la creatividad la que salva a todos los mundos.
Un libro examina cómo lo digital ha convertido las cámaras de fotografía en 'metralletas'

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2484020/0/libro/fotografia-digital/harvey-wang/#xtor=AD-15&xts=467263#xtor=AD-15&xts=467263
Un libro examina cómo lo digital ha convertido las cámaras de fotografía en 'metralletas'

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Un libro examina cómo lo digital ha convertido las cámaras de fotografía en 'metralletas'

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sábado, 13 de junio de 2015

Notas acerca de la Fotografía VIII - Observar el Momento

Se trata de....observar.....el momento
 
La mente del fotógrafo es un gran océano en blanco donde la marea no tiene forma, pero fluye insaciablemente desde y hasta todos los sentidos. El verdadero ojo fotográfico es el espíritu del hombre, su historia viva manifestándose a través del momento; para ser honestos con la construcción de una imagen, se debe vivir el momento. De eso se trata....observar....el momento. Ser parte viva de lo que está fotografiando. En lo personal, es un camino intenso e interminable, y tener acaso una breve certeza de esto le corresponde únicamente a cada fotógrafo en particular. Cada uno sabe en qué lugar de su fotografía se encuentra, quién puede venir a decirnos en qué parte de ese camino intenso e interminable estamos?. He allí un desafío para la propia visión de lo visionado, para la conservación del instinto.

La creatividad es también la creación de la observación del momento, se construye un entorno que visualmente se compone desde lo puramente espiritual. Es lo que se sale a buscar en definitiva, esa sensación indescriptible que nos produce fotografiar, se sale a buscar lo que se lleva dentro, para explotarlo luego a través del entorno que mejor nos place. El paisaje es en realidad el momento, y todo lo que lo conforma es el momento. El espacio conformado por los espacios, delineado por los innumerables trazos que el hombre o la naturaleza han sabido trazar; la belleza de las formas en todas sus formas, la inevitable influencia del color, la sagrada acción de la luz, por sobre todo. 
 
 
 
La vida que pasa, el vértigo....la contemplación diáfana de ese vértigo, la vida que sucede, en calma.....y la contemplación en calma de esa inconmensurable calma. 
 
Sentir, de eso se trata......observar.....el momento. Y la fotografía.


domingo, 17 de mayo de 2015

Notas acerca de la Fotografía VII - Más allá de la Experiencia

El sentimiento de la fotografía cambia. O el sentimiento hacia la fotografía. Es un amor incondicional pero a la vez tormentoso. Tormentoso no en el oscuro sentido de la palabra, sino por la imprevisibilidad que rige a su condición. Todo siempre al final se arremolina hacia el proceso creativo, el verdadero momento decisivo, el momento donde el ciclo sensorial de la fotografía se cierra. Para luego comenzar todo otra vez. Existe allí la necesidad de una búsqueda por recorrer ese ciclo, de acabarlo, y de volverlo a recorrer, para acabarlo nuevamente, y así. Es el proceso creativo la droga más adictiva para un artista. La exposición de una fotografía es una consecuencia insconsecuente, y casi tanto o más inexplicable que el placer neurálgico de producirla. La exposición es otro tipo de falopa.

He dado cuenta desde hace un breve período de tiempo, de que la fotografía es un medio mucho más importante que ese que se utiliza para canalizar toda ese amasijo de recuerdos, emociones, sensaciones a través de una singular mirada. El deseo de fotografiar es un motor al que le urge el movimiento. 

Teniendo el privilegio de vivir en una geografía donde —la estepa por un lado; y los bosques, lagos, ríos y las montañas por el otro— rodean el minúsculo enclave humano donde vivimos y nos reproducimos a pasos muy rápidos; la fotografía, el sentimiento hacia la fotografía, me empuja a buscar esa naturaleza. Mi proceso creativo encuentra su cénit en lo profundo de la soledad en la que te envuelve la naturaleza. Y cuando me encuentro en ese punto álgido de la gestación de la imagen, encuentro un sentimiento que tal vez no tiene que ver con ningún apéndice fotográfico. Es el placer sublime de sentir. Alegría, tristeza, júbilo, ánimo, arrepentimiento, redención: todo depende de usted. De encontrarse solo en la punta de un risco y contemplar el paisaje en el más absoluto silencio. De sentir que el tiempo se detiene y que la vida es eso mismo que se está sintiendo en ese preciso instante. De sentir los muslos ardientes por la trepada, y los pies cansados de tanto andar. El viento frío que te aplaude la cara o el sol tibio que te acaricia. De ver más allá en la distancia, y pensar: —qué sendero habrá que tomar para ir más allá, para llegar hasta allá?. 



Entonces mientras uno piensa esto, sostiene la cámara en la mano, y ya las fotos han sido hechas; aquellas que atestiguan de alguna manera el momento; han pasado a un plano alternativo; que sigue siendo trascendental, pero que no lo es todo. Lo importante es sentirse vivo mientras uno hace lo que le place, y no hacerlo para sentirse vivo después, cuando eso que le place, es exhibido de alguna forma.

lunes, 4 de mayo de 2015

Notas acerca de la Fotografía VI - La Emointuición

Lo primero que uno ve cuando tiene ante sus ojos una fotografía a realizar, no lo ve, sino que en realidad lo siente.

La fotografía se manifiesta como una energía, una atracción irresistible. Es, desde ya, una tarea dificultosa para cualquiera que intente describirla con palabras. Aún así: es azarosa, de manera directamente proporcional a la cantidad de fotógrafos que existen en el mundo; y esa energía, producto de ese azar, puede manifestarse en diversas intensidades según el momento en el cual el fotógrafo asume que ha encontrado finalmente la fotografía en la cual así se demuestra ese momento. El ejercicio de la fotografía puede llevar el tiempo que uno tiene y/o ha elegido para llevar a cabo tan maravillosa tarea (y debemos prescindir aquí de aquellos que hacen de la fotografía una actividad laboral, durante los cuales se les exige cierta capacidad de atención que en otras oportunidades resultaría tal vez contraproducente); y durante este tiempo, el desenvolvimiento de tal expresión es diferente en cada caso en específico. El fotógrafo, como hemos dicho en otras oportunidades, establece una relación con el entorno: la calle, la naturaleza, el estudio, donde sea que se encuentre desarrollándose; y puede que necesite natural e inconscientemente un período de adaptación al mismo. La duración (y evolución) de este período es una variable que depende pura y exclusivamente de factores que son menester de la animosidad del momento, hasta que el vínculo se aprehende y se manifiesta a su vez en un incremento del grado de percepción de la persona.

La intuición es la brújula del momento. Y uno entra en un estado de éxtasis, en otro estado de conciencia: la conciencia fotográfica, hermanada inevitablemente con el sentimiento de satisfacción que produce la fotografía, esa dicha inexplicable. No debe haber nada más provechoso en esos dichosos casos que dejarse llevar por ese estado, por ese sentir que no se puede expresar en palabras, y aunar ojo, mente y corazón en pos de ser parte viva de lo que está experimentando fotográficamente; de sentirse privilegiado por (y valga la tamaña redundancia) sentir la emoción que produce la construcción de una imagen; de finalmente, como ente creativo, dejar impresa esa emoción, a través de la mirada.



lunes, 27 de abril de 2015

Notas acerca de la Fotografía V - La Cajita de Tesoros

Se me ha dado en pensar hace unos días, mientras realizaba unas fotografías de paisaje en la soledad y vastedad de la estepa, que la cámara termina siendo algo mucho más allá que tan sólo un instrumento. Se me antoja como una pequeña caja de tesoros (o recuerdos) que uno guarda; de esas que reposan sobre una mesa de luz, o escondida a la vista de todos dentro de un cajón medio roto. Imágenes coleccionables que duran lo que la rutina, el tiempo, el yeite, o el capricho!, hacen de la descarga de esas imágenes al ordenador para su posterior vista, borrado y/o edición, un tesoro olvidado —he allí el único momento en el que fotógrafo "saca fotos"— quiero decir, el momento decisivo de la fotografía ya pasó, mientras nuestra caja de pandora obtura, allí justo en ese instante resplandece el sentimiento en bruto de la fotografía. El mecanismo secuencial posterior a este momento, es un proceso alterno, que pretende una continuación; pero que carece de los sentidos que aunados se evocaron en el momento de la realización de la fotografía. Uno debe entonces, recordar, incluso a través de lo que la misma imagen evoca. Debe dejarse llevar por su propia fotografía, y congeniar con ella para su posterior coquetería —y cosmetología— digital. Luego puede uno recordar quizás, y hasta volver a sentir algo, un atisbo quizás; pero ya no es el mismo: ni el momento, ni uno mismo.


Suelo tener épocas en las que no me interesa sentarme frente al ordenador a ordenar las fotos; épocas en las que la cámara se me antoja nomás como cajita de tesoros. Y voy coleccionando: recuerdos, paisajes, momentos, evocaciones, soledades, luces, sombras, colores, lo que sea que se me antoje coleccionar. Cada tanto le hecho una mirada a mi pequeña y secreta colección a través de la pantalla; pero luego vuelve o a la mochila o arriba del escritorio, porque nunca se sabe en qué momento surgirá la necesidad (o la luz) de realizar una fotografía. Estos azarosos lapsos de tiempo permiten a su vez ir seleccionando las imágenes que a uno como espectador de su propia mirada, no lo satisfacen de la manera en que personalmente deberían; así luego, a la hora finalmente de vaciar la cajita en el ordenador, la tarea se vuelve menos engorrosa. Uno adquiere un gusto así también, por qué no?, y selecciona su trabajo con un criterio un poco más práctico sisequiere. El mal gusto reaparece luego a la hora de fotear, claro. Pero a ese sólo lo conocemos nosotros, nadie muestra lo que no le parece adecuado mostrar fotográficamente.



jueves, 9 de abril de 2015

Notas acerca de la Fotografía IV - El Ser y la Nada

De la forma en que primeramente me he preguntado si un sujeto que ha sido partícipe de algún modo en la realización de una película puede observar otra película dejándose llevar sólo por el ritmo y la trama del film, sin detenerse en alguna o todas las formas en las que ha sido realizado el mismo; me pregunto si un fotógrafo puede dejarse llevar por la exposición física o digital de una fotografía sin detenerse a observar o preguntarse de qué manera ha logrado el fotógrafo el resultado de dicha fotografía.


La pregunta (y tantas otras) nace para hablarme acerca de la interpretación de una obra fotográfica. Cuesta despegarse en la observación de una fotografía del fotógrafo que llevamos dentro?. Cuánto influye esto en establecer un diálogo con la imagen y disfrutar de lo que nos provoca puramente como lenguaje fotográfico?, tal vez acabe siendo un mera cuestión personal e instintiva de gustos y caprichos: algunos sólo se maravillan por el truco del mago y aplauden encantados, mientras otros están preguntándose aún cómo es que hizo lo que hizo. Por ello la fotografía carece de ideas que puedan postularse como absolutas, no hay normas para la realización y/o posterior observación. Si bien tengo la impresión de que existe cierto dualismo en el posible desarrollo de impresiones al respecto, es decir, encontraremos pensamientos antagónicos que no sólo defenderán su posición como propia sino como una posibilidad total de la idea; sino que encontraremos pensamientos también que acogan con cierta comodidad una determinada manera de manifestar lo que personalmente tal vez ni siquiera se han preguntado.

Qué significa para el autor de una fotografía que su obra no plantee otros interrogantes que no sean aquellos que se preguntan si usó tal o cual tipo de programa de edición?, o en tal drástico caso, qué es o significa el lenguaje fotográfico?. La fotografía, como forma de expresión, reproduce de alguna manera estados del alma, de la mente, de la historia y la cultura de quien produce una obra fotográfica; un proceso mental y espiritual que se realiza en la más profunda soledad de nuestro ser; pero que incluye un juego de contrasentidos a la hora de producirse la obra en sí, el producto, la fotografía. Si no es expuesta, que significa esa fotografía para el autor?. Cuál es su complejo o sencillo sentido?. Y si existe como lenguaje, como expresión artística y espiritual; está destinada esa fotografía sólo para un grupo heterogéneo que se corresponderá con este tipo de lenguaje?. La imagen produce indefectiblemente un efecto que es tan indescifrable como universal, y dependiendo, no podemos obviar esta cuestión, del tipo de fotografía expuesta.

Muchos genios han sido malentendidos, se dice, pero no todos los malentendidos son genios. La composición de una imagen que ha sido pensada meticulosamante en una situación azarosa o programada; intentará de una u otra forma: decir. Se crea un diálogo con el entorno, se recorta un cuadro de ese entorno y se compone (o se reproduce) a través de ese recorte un diálogo interno entre el fotógrafo y el cuadro, que finalmente se traduce en la construcción de una imagen que puede representar ese efecto tan indescifrable y universal que desconocemos, que es a su vez, otro diálogo; que flota en la imagen con conciencia propia tal vez, obra del autor. El fotógrafo lo sabe. Pregunto: así como el mago saca un conejo de la galera, los fotógrafos sacan fotografías de la cámara?. La cámara resulta, en ¿contraposición? con la galera, una herramienta con facultades técnicas creadas por y para el hombre que utiliza el fotógrafo para realizar su obra; produce, realiza una fotografía con la ayuda de la cámara. Ambos, son partícipes del proceso osmótico de la fotografía; por ello el fotógrafo digo yo que hace, no saca. Le da conciencia propia a la fotografía, le otorga pensamiento —el fotógrafo, no sólo no saca (y como dije: hace), si no que dice.

Y si no quiere decir nada?, si el fotógrafo sólo hace?.

Como dije, no hay ideas que puedan postularse como absolutas, y los interrogantes llevan hacia otros, tal vez indefinidamente. Y las discusiones de estas ideas se dan rara vez. La misma soledad de nuestro ser es el escenario donde la fotografía se manifiesta, y en esa misma profundidad el ego despierta a su vez todo tipo de vanidades y suceptibilidades. Y la indagación adormece ese ego, mantiene al espíritu en constante movimiento; un movimiento que conlleva a enriquecer el pensamiento fotográfico, y con ello, la práctica se vuelve un camino de descubrimientos interminable.

martes, 7 de abril de 2015

Notas acerca de la Fotografía III - Paisajismo Personal

Cuánta amplitud se le da o debería dársele a un paisaje que se está fotografiando?. Ese deber, primitivamente, va por cuenta de la intuición de cada uno y de acuerdo a su personal mirada, claro está. Si usted, por ejemplo, ensancha el cuadro y elije situar a un objeto o sujeto en un punto cualquiera del mismo, tenga en cuenta el tipo de paisaje que se extiende por detrás de ese objeto o sujeto. Si acaso se extiende en la distancia, si el paisaje es llano, es decir, si el juego de líneas ha de ser estrictamente horizontal como lo puede ser una paisaje marino o desértico— o la altura de cualquier formación montañosa no alcanza para relacionar en marcado contraste a su objeto o sujeto, es importante en tal caso distribuir los espacios delimitados de manera tal de construir un punto de vista que ubique al sujeto/objeto como observador conjunto del observador, o parte misma del paisaje también. La misma relación entre los espacios dentro del cuadro genera a su vez el diálogo en el imaginario interpretativo del observador (tanto o más cielo, por citar un sencillo pero elemental ejemplo, que puede estar abierto o cubierto de nubes, disparará diversas ideas y/o imaginaciones). También es importante aprehender el tipo de textura del paisaje, la inclusión de tales texturas en directa relación o no con el sujeto/objeto, en tamaño y forma, tendrá un similar efecto.

Si acaso por estrictas e inevitables condiciones del lugar, se viera obligado a incluir otros elementos secundarios dentro de la toma, la pregunta sería de qué manera secundar al actor principal de la fotografía. La ubicación del o los mismos con respecto a este último dependerá, más allá de como dijimosde las condiciones del lugar de lo que el fotógrafo interprete finalmente en el momento con respecto al tipo de elemento secundario, qué relación tiene con el paisaje y con el objeto/sujeto mismo, la distancia entre los mismos, el tamaño de tal o cual, la posibilidad de quedar ambos en foco o mezclarlo con el bokeh, entrando en juego aquí la profundidad de campo elegida,el tipo de equipo utlizado para la toma, etc. El trabajo posterior de edición siempre ayuda a que a la hora de una toma donde un elemento secundario distrae o molesta una composición que previamente ya satisface plenamente, pueda fotografiarse de manera tal de tener luego la posibilidad de eliminarlo a través del uso de alguna herramienta de edición para tal fin (un ejemplo sería el de fundir dicho elemento en la espesura o textura del paisaje).

La relación del hombre (como ser humano) dentro del paisaje de naturaleza es un tema que nos es profundo a todos. El uso desmedido e inconsciente de los aparatos electrónicos tienden parsimoniosamente a alienar el estado natural del hombre cada vez más. El tema fotográfico del paisajismo, se presta interminablemente para plantear este tipo de cuestiones, de alienaciones. Y de darle valor al sentido del respeto y la preservación. El paisajismo es el retrato del mundo que nos rodea, la fotografía es el retrato del mundo como nosotros lo vemos; es un lenguaje que prescinde exquisitamente de las palabras, un lenguaje expresado a través de la intuición del fotógrafo en la construcción, en la com-po-si-ción de una imagen.

(continuará...)



 Todo está en la perspectiva.....somos tan parte de este paisaje, de este lugar, de este planeta; como lo es el viento en un desolado y gris....día de viento.


miércoles, 1 de abril de 2015

Notas acerca de la Fotografía II - La Yapa


Intentar o querer gustar en la fotografía como propósito final (incluso de la fotografía misma) es un tarea un tanto inútil, improductiva. Cuál es el motivo para ello?, la satisfacción personal dirá aquél destacado fotógrafo experimentado que intenta y gusta confrontar y mostrarse seguro a través de una muy mal disimulada confesión. Una confrontación que creo también inútil. Todo aquél que comparte una imagen (su fotografía, como obra personal) publicándola en la red espera tácitamente una especie de retribución por la misma, de la forma cual fuere según el sitio donde ha sido publicada, un pulgar arriba, una estrella, un corazón, unas palabras, etc. Y en el más profundo secreto se puede cometer el error de calificar o tasar la ¿calidad? o el significado de una imagen a través de la contabilidad de estos gestos digitales, de estas retribuciones indescifrables, de cierto prestigio adquirido luego también, por qué no?. La imagen publicada no es un fin, es en última instancia, una consecuencia de un acto noble y agigantador como el de fotografiar. No hay que olvidarse de uno mismo, aún durante el más profundo secreto. El prestigio es una mentira que nos repetimos a diario y a escondidas. La fotografía es un ejercicio personal, un acto de reflexión y contemplación que se manifiesta a través de una imagen que creamos en nuestras mentes primero y en (y con) la cámara luego; y de la cual, en tal caso, nos vanagloriamos en un éxtasis tanto o más puro como secreto, y en la —a su justa vez— más pura y profunda soledad. Esa es la verdadera satisfacción personal, exenta de todo; libre de todo veneno moral. Como un ejercicio de masturbación casi. Todo lo demás es yapa. O caretaje.



martes, 17 de marzo de 2015

Notas acerca de la Fotografía I - Historia Visual


Hay días en que pienso en que todos hemos de tener una historia que es pura y específicamente visual en nuestra memoria —una memoria que funciona y ha funcionado además de manera fotográfica— y que tiene que ver con todo lo que en el transcurso de lo que va de nuestras vidas hemos visto y/o aprendido. Desde los dibujos en nuestros primeros años de edad, el estudio de las primeras formas matemáticas, los cálculos de las superficies geométricas, pasando por todo el recorrido del estudio de la lengua: la poesía, el cuento, la lectura en general; hasta (y) por todo aquello a lo que emocional y culturalmente nos hemos sentido atraídos de manera alguna, alguna mágica vez. A ese compendio de imágenes, intraducible por lo humanamente inabarcable, lo considero yo una pieza clave y fundamental a la hora de producir creativamente una o la fotografía. No es un documento al que podamos acceder de manera práctica y funcional, claro está, es la historia visual de la historia total, constante e instantánea —además— de nuestra vida, es lo que nos hace únicos como fotógrafos: no en el eventual y banal sentido narcisista de la expresión, sino en la particularidad de cada mirada y lo que ello como expresión en el lenguaje de la fotografía sugiere. Nos orientará también de manera personal como espectadores, como observadores de la fotografía, partícipes del lenguaje.


La forma, por ejemplo, asociada con el volumen. Yo recuerdo todo, asociado, matemática y geométricamente, al equilibrio. El ejercicio de las matemáticas y la geometría tenía y siempre tuvo que ver con el equilibrio, con el sentido intrapersonal del equilibrio. Siempre fui muy malo para las matemáticas y la geometría, pero aún tempranamente (nunca es tarde para aprender) con los años dí cuenta de la importante cuestión del equilibrio: tenía que ver más con una sensación, que con recordar exactamente razonamientos y/o ecuaciones. El uso de las formas en la composición de la fotografía es para mí, trascendental para lograr una armonía que está estrechamente ligada con esa sensación de equilibrio de la que hablaba recién. El equilibrio de una imagen es, a su vez, una sensación que es diferente para cada fotógrafo: todos, de la misma manera en que cada mirada es única; sienten este equilibrio de manera única y personal. Todos alguna vez (tal vez) hemos hecho equilibrio físicamente. Físicamente el fotógrafo debería sentir ese equilibrio a la hora de componer, con toda su historia personal visual manifestándose en el preciso instante en que a través del visor decide de qué manera construir el cuadro, la fotografía que constituye en ese momento su mente toda.
Por esta razón, siempre he considerado importante la sana costumbre del ejercicio del (eterno) aprendizaje, la visualización e investigación de otros trabajos fotográficos, y de otros trabajos que no tengan que ver estrictamente con lo fotográfico también, porque todo aquello relacionado con la creatividad y la expresión a través de lo visual siempre ha de ser enriquecedor para quien se expresa a través del lenguaje de la imagen. Un fotógrafo haría bien en alimentar su mirada con la mirada y la creatividad de otros, seguir sumando instantaneidad a su historia visual.

jueves, 26 de abril de 2012

Instante Previo a una Fotografía

Dí con el documental Vietnam, The Lost Files (Los Archivos Perdidos). Un documental realizado completamente con metraje original filmado en Vietnam, obviamente. Pienso (siempre pienso): no se mucho sobre la guerra de Vietnam, y las imágenes son buenísimas, así que me dispongo a verlo.

Relata los momentos políticos que se vivieron en EEUU en 1967/1968, con una guerra ya demasiado larga y con demasiados muertos. Intenta ordenar cronológicamente algunos hechos y ya estoy súper enchufado. Resulta ser que durante la festividad de año nuevo, el ejército de Vietnam realiza una ofensiva simultánea sobre posiciones norteamericanas. Hasta allí, los soldados habían llevado a cabo una guerra fantasma contra el Vietcong;  sus tareas se limitaban a salir a buscarlos, para matarlos, a todos. El asunto es que nunca terminaban de encontrarlos a todos.

Muestran en el programa un gráfico (adoro estos gráficos) con el sistema de túneles que habían construído, para el abastecimiento de armamento y provisiones. Sistema que tenía ya un par de décadas, por lo que estaba bien desarrollado y en constante evolución. Esos túneles usaron para esta gran ofensiva que se conoce con el nombre de TET. Que resultó ser un fracaso para el Vietcong, pero que repercutió mucho en el pueblo norteamericano debido a la gran cobertura que tuvo de parte de la TV, con imágenes crudas acerca de lo que en Vietnam estaba pasando. Parece que los norteamericanos, con esas imágenes, dijeron basta.

Y varios periodistas que habían cubierto por cierto tiempo el conflicto, en Vietnam mismo, comenzaron a plantar la idea de que esa guerra, no se podía ganar. Luego de un corte comercial y el desgastante aviso de pasta dental Colgate, cuelgan a hablar sobre la brutalidad de la guerra, lo que veían los norteamericanos si a la nochechita ponían un canal de noticias,  muestran a un capitán de la Policía de Vietnam del Sur, que se prende un pucho, sonriente, camina unos pasos hacia un prisionero del Vietcong que están acercándole, se pone de costado, levanta su arma y le dispara en la sien. Tal vez sepan de quien estoy hablando:


A esta altura me doy gracias de que aún queden programas de televisión que te hagan ver, en este caso, el instante que precede a una fotografía que es universal. Confieso que continué mirando el programa, pero después de haber visto ese instante previo, la Guerra de Vietnam había dejado de ser interesante para mí. Al menos sabía lo suficiente para comenzar esta entrada y llegar a contarles lo que verdaderamente vi.

Cine Italiano y Fotografía

Colgué a ver una película italiana, de Federico Fellini, "Los Inútiles". No tenía audio de ambiente, sólo las voces de los actores, que con esa cadencia extrañamente italiana parecía que se gritaban las palabras, como si fuesen actores de teatro que no lograron abandonar el hábito. La película llevaba una media hora avanzada, había un grupo de amigos en un muelle, usaban sobretodos, bufandas, sombreros y zapatos de vestir….el silencio me resultaba incómodo.; miraban el horizonte, perdidos, los cuatro. 


Justo en el instante en que me preparaba para cambiar de canal, tuve una “revelación”……lo que veía era una fotografía animada!.... comienzo a estudiarla….encuentro que el encuadre es genial y la posición de los cuatro tipos le da una profundidad exquisita, termino encantado con la fotografía que acabo de descubrir. 
 
Y luego los tipos saltan del muelle, primero uno, luego el otro y así. Cada uno salta y cae de manera diferente, la película sigue siendo una fotografía animada y me emociona verla!.....; mientras, los tipos van caminando por la orilla, y ahora el plano es desde el agua y es otra fotografía, los cuatro caminando separados, con sus manos en los bolsillos, vestidos casi igual, salvo la posición de los sombreros y las bufandas. Impecable, no hay música, ni siquiera se escucha el ruido del mar, que hubiera quedado muy bien (o tal vez la cinta de la película esté tan dañada que no tiene sonido, no se).

un ejemplo de lo que vi

Luego el guión desvarió un poco, y me quedé esperando ver más fotografías en la película, cosas que no pasó en los siguientes 15 minutos aproximadamente, cuando cambié de canal.