jueves, 16 de agosto de 2018

La Criminalidad Romantizada


La criminalidad puesta al servicio de la cinematografía ha sido siempre atractiva, hay un magentismo inexpungable en el submundo del hampa, sobre todo cuando se romantizan hechos delictivos que gozan de gran relevancia en la memoria colectiva: chorros, asesinos, violadores, la pantalla los desacartona y los vuelve digeribles, amigables. Pensaba mientras llevaba unos 10/15 minutos viendo El Angel, cuan buena o mala puede ser una película de acuerdo al grado de expectativa que ha sabido generar.


Mi padre solía comprar las revistas de Casos Policiales, las recuerdo de chico por el impacto que creaban en mí las fotografías de los cadáveres que en su interior abundaban sin ningún tipo de pudor editorial; otras épocas, sin duda. Ese morbo no me abandonó jamás, como una suerte de droga. Devoraba inevitablemente y con apetito voraz las historias de esos horribles crímenes, habré tenido poco más de 10 años y no recuerdo que a mi padre le haya preocupado que viera esas revistas. A mí tampoco, no me pareció más que (lo pienso ahora, claro) asomarme al abismo que representa la condición humana en cuanto a su posible criminalidad.




Y hoy ya pasando los 40, a pesar de que cada tanto nos enteramos de crímenes horrendos —incluso en mi propia ciudad, cosa que antes era impensado— tampoco me sigue sorprendiendo, el ser humano es capaz de todo, realmente. El caso de Carlos Robledo Puch, como aún hoy claro está, era cada tanto presentado en la revista, lo recuerdo casi con cierta familiaridad. En la televisión también recuerdo haber visto programas de tipo documental que reproducían la historia de El Ángel. Historia que está contada a lo largo de toda la internet, por lo que evitaré contarla no sólo por ello, sino porque no la recuerdo detalladamente. La familiaridad con la que se recuerdan este tipo de casos tiene que ver con cosas puntuales: su corta edad, la cantidad de asesinatos, el soplete. En un pasaje de la película, reconstruyen una entrevista televisiva —a un psicólogo pareciera— donde se refiere al aspecto del pibe: rubio, carilindo, lejos del estereotipo estigmatizador del delincuente: negro, fiero, desalineado. Se lo recuerda como hecho histórico trascendental desde lo policial por el impacto que esto había logrado en la sociedad.


De allí el hecho de que cuando vi el actor elegido para representarlo, y para retomar lo que venía diciendo, la expectativa se hizo grande. El "parecido" con la imagen que (quiero creer que) todos nos habíamos hecho era importante, y esa semejanza no hizo otra cosa que entusiasmar. Han pasado casi 50 años de los episodios, no se cuantos de los pibes de 20 y pico que vi en el cine pueden haber estado familiarizados con la historia criminal de Puch, pero me asombró verlos. Se ve que la expectativa era realmente grande. O  no, debo decir que la función era 2x1, así que la sala estaba completamente llena. Encima llegué tarde, encontré lugar en la tercera fila; pero bueno.

La narrativa visual es maravillosa, la ambientación logra transportarte a esa otra época, si bien el director no crea un gran marco político-social de la misma; principios de los 70 con todo lo que ello significa históricamente. Y está bien, supongo, porque se concentra en retratar al personaje exclusivamente. Un retrato que por momentos, con ciertos primerísimos planos, logra reflejar a través de la mirada punzante un atisbo de la profundidad del carácter de un asesino de apenas 20 años. La impasibilidad quizás ante los asesinatos que cometió y su esbozada orientación sexual. Tal vez cuando uno da cuenta en la cantidad de robos y posteriores asesinatos contados es donde el ritmo se obtura, pero no deja de ser interesante cómo han sido filmados. Me pareció una película completa, compacta, con un tratamiento hermoso del color, muy entretenida, se disfruta de principio a fin. Bien por el cine argentino. No diré más, ya escribí lo que tenía ganas de decir, así que vayan a verla.

martes, 14 de agosto de 2018

Descubriendo el Pasado

Hacía unos días que se me venía cruzando la idea de buscar unos viejos portafolios que guarda mi Vieja arriba de un viejo placard. Ella ya no lo recuerda, tiene lo que han llamado un "principio de Alzheimer", que por suerte, nunca acaba de empezar. Y yo que cada tanto me agarran las ganas de digitalizar todos esos álbumes que guardan esos portafolios; pues este fin de semana me rescaté y los fui a buscar. Después del almuerzo me dispuse a revisarlos, estaba en compañía de mi esposa. Y como siempre sucede cuando comienzas a revisar viejas fotos, no haces nada más que ver una tras otra y conversar cálidamente sobre los recuerdos que despiertan. Apenas si digitalicé 3 o 4 que compartí inmediatamente en el grupo familiar de whatsapp y nada más. Estuvimos más de una hora revisando todo el material. Hasta que llegamos a unas viejas carpetas que tenían algunos documentos que yo jamás había revisado. Para mí sorpresa, eran documentos muy viejos que mi Viejo había guardado con mucho cuidado.

El asunto es que recordábamos con mi esposa una tarea que le habían encomendado a nuestro pequeño hijo hace un par de meses que consistía en averiguar acerca del pasado de la familia. Resultó que preguntando, un sobrino mío tenía guardada (y escaneada) la libreta de enrolamiento de mi bisabuelo, cosa que yo desconocía totalmente. Así, pude saber que mi bisabuelo nació en Chile en el año 1872, una fecha que uno está acostumbrado a relacionar solamente con hechos históricos contados en la primaria, fuera de ello, esos años no existen. Que el 10 de enero de 1933, día en que suscribe en su libreta de enrolamiento, portaba un dólar, era viudo, petiso y tenía 10 hij@s. Entre ell@s estaba mi abuela Elisa, la mamá de mi Viejo.

Yo no conocí a mi abuela, pero de tanto que me contó mi Viejo y de algunas fotos que me fueron mostrando en mi infancia, tengo recuerdos vívidos en mi mente, como si realmente la hubiera conocido. No recuerdo su voz, ni su rostro; pero la recuerdo en vida como si la hubiera conocido. Lo mismo me sucede con la zona donde creció mi Viejo, Paso Chacabuco. Lugar que fija como domicilio mi bisabuelo en su libreta de enrolamiento:


Recuerdo un casa blanca cerca del río. Una gran quinta cerca de la casa. Una alameda gigantesca que apenas dejaba pasar la luz del sol. Un arroyito que cruzaba el terreno hasta dar con el río. En la orilla del río, un bote que usaba mi Viejo para cruzar el río. Un cable de acero trenzado colgante que cruzaba también el río. Gallinas. La luz filtrada por los árboles. El sonido del viento agitando los álamos. El silencio de la suave pero peligrosa corriente del río. Es como una gran foto viviente, como un cortometraje. Parte de lo que recuerdo lo he soñado; creo que de allí su fidelidad.

El asunto es que más de eso, nada; yo ni siquiera había nacido. Nací en la ciudad, cuando ya mi padre se había mudado y su madre estaba fallecida. De su padre, lo único que siempre contaba y que yo nunca refutaba o indagaba, era que se había ido de joven abandonando a mi abuela. Cada vez que lo mencionaba —que eran muy pocas— se notaba que no quería referirse mucho al tema. Por lo que mi abuelo fue para mí siempre un fantasma. Hasta hace algunos largos años atrás. Vinieron de visita unas personas que decían ser herman@s de mi padre, por parte del abuelo fantasma, claro está. El viejo todavía seguía vivo y había venido de visita a la ciudad. Vivía en otro localidad de la provincia. Así que organizaron un gran asado y allí fuimos, todos mis herman@s y mis padres. Mi Viejo no había visto a su Viejo desde su niñez, y andaba en ese momento alrededor de los 70. Fue un flash toda la secuencia. El abuelo fantasma apenas si podía hablar, estaba muy viejito; pero pareció reconocer a mi Viejo, que lo abrazó y lloró a su lado. Nos presentaron a todos allí. De pronto teníamos tíos y tías "nuevas". Degustamos un rico asado y tomamos bastante vino, un gusto en el que TODOS coincidíamos profundamente. Luego de ese día, no lo volvimos a ver, pero atesoramos el recuerdo, y las fotos que lo atestiguan.

Pero volviendo, estábamos revisando esas carpetas del portafolio. Y lo que encontramos fue muy pintoresco. Unos documentos que databan de la misma fecha que figuraba en la libreta que hacía unos meses habíamos descubierto sin querer. En ellos se detallaba la adquisición de la tierra que después yo soñaría y recordaría cinematográficamente, 10 hectáreas en Paso Chacabuco. Que un vecino quería desviar un curso de agua, y desde el Ministerio de Tierras en Buenos Aires le aseguraban que no iba a quedar privado de ese elemento. Y que había adquirido unas 20 ovejas a 4 pesos cada una...


También —pero en otro documento que no registré con la cámara de mi celular en este caso— se dejaba registrada y autorizada para su uso una canoa llamada Don Pedro. Había algunos más. Como el que registraba la venta del terreno donde aún vivió mi Viejo y todavía lo hace mi Vieja; y algunos otros más pero no de relativa importancia para lo que cuento aquí.

Fue una tarde maravillosa. Reconstruir de alguna pequeña manera un pasado que a no ser por la tarea encomendada a mi hijo y el afán de digitalizar ciertos recuerdos jamás hubiera conocido seguramente. Nadie habla del pasado, parece una cosa muerta. Que en cierto sentido lo es, pero el pasado nos define en algún aspecto. Aquí hay un prejuicio enorme y horrible para con el pueblo chileno y todo lo que esté relacionado con esa patria cercana; y el saber que mis antepasados eran chilenos te coloca en una posición que obliga a meditar al respecto. No he sido criado en atmósferas xenófobas. Pensaba yo en una de esas noches donde no te puedes dormir y la mente divaga y te inventas diálogos en el orgullo de sentirme de estos lares de la tierra; porque del lado de mi Vieja, que tampoco se mucho, hay un pasado de abuelo gringo y abuela mapuche. Soy el resultado de una amalgama de pasados diversos. Enriquecido desde todos los aspectos (bueno, no es el caso de mi rostro, pero bueno). Es saludable conocer y conocerse. Gracias doy.

Hecha la ley, argentina la trampa...


A través de una recomendación en Twitter de una periodista de judiciales y una abogada que respeto muchísimo es que llegué a Forum Shoping Reloaded. En la librería, ya me había decidido por otro, pero fijate vos, camino a la caja para pagarlo y ya retirarme del lugar....alcanzo a distinguirlo casi ¿sin querer? en la mesa de novedades, medio escondido debajo de otros títulos. Y me acordé de tales recomendaciones, así que no lo dudé, dejé el que había elegido y me llevé este último.


¿Por qué?, Porque por estos días, la agenda mediática dicta que estemos todos pendientes de la situación judicial de la ex-presidenta de nuestro país; por lo que el libro viene como anillo al dedo. Y uno no hace luego más que despotricar mientras va leyendo sobre lo que se muestra en los medios (en complicidad con jueces y fiscales), porque más allá de toda identificación partidaria, la justicia tiene invariablemente su propio sitio de poder en lo que respecta al juego político. (La situación en lo económico se refleja negativamente en la imagen presidencial y no podemos caer en la inocencia de que todos estos hechos judiciales mediatizados con marcado espamento y sobrada repetición sirven para contrarrestar tal situación, al menos en la acabada superficie de la opinión pública).

En su contra-tapa, al final, reza: Forum Shopping deja la sensación de que no debe existir un lugar peor en el mundo que un jugado para ir a reclamar justicia. No es un texto de ciencia ficción, es de terror. Calculá. Y lo acertado de esta reseña!.

El libro describe y desnuda las trampas hechas para las leyes que han sido otrora hechas y deshechas; y viceversa. Sin tanta rigurosidad técnica a la hora de referirse a los casos en particular que documenta a modo de claros y concisos ejemplos, con agradable ironía e intenso ritmo, leerlo es un viaje fascinante al submundo de los procesos judiciales que narra, con el peso de la resignación y la desesperanza a cuestas. Que no es otra cosa esto último que la historia viva de nuestra idiosincrasia, ya sea un juez frente a un caso de suma relevancia o cuando nos hacemos nosotros mismos los boludos en beneficio propio; descubrir todas las estrategias utilizadas para tal empresa, si bien nos apena, no nos puede sorprender nunca; salvo por la audacia con que se logra.

No dejen de leerlo, es tan entretenido como esclarecedor.

Materráticas

De sobremesa, en un asado de un domingo cualquiera escuchando una intensa conversación entre dos mamás, mientras cada una de ellas relataba casi con idéntica sorpresa e indignación cómo frente a sus hijos se encontraban ante una misma problemática escolar. Una de ellas acotaba además, que había recogido a través de reuniones o charlas breves, que la misma situación se presentaba en otras familias. Y es que, al parecer, los padres nos vemos en la necesidad de googlear y ver en YouTube algunos de las tareas que las maestras envían a casa. Esto exige plantear ciertas cuestiones.
 
¿Será que ante la necesidad de completar la planificación a tiempo durante el transcurso del año se carga a los chicos con una cantidad de nuevos conocimientos que les dificulta en mayor o menor medida aprehenderlos de manera concreta?.  ¿Será que la planificación es correcta y es esta generación la que muestra una dificultad antropológica en la construcción de un conocimiento matemático que nuestra propia generación en muchos casos ha olvidado completamente?. En una de las últimas reuniones escolares, donde somos invitados todos los padres pero casi siempre somos muy-muy pocos (un dato no menor), el equipo de enseñanza planteó que los temas se iban a ir dando según lo estipulado y que en clase iban a preguntar al curso completo si todo lo expuesto había sido comprendido; en caso de recibir respuesta positiva, se iba a seguir avanzando hacia el siguiente. Es evidente entonces que, como hace años, en una extraña tradición, nadie (o casi nadie) se anima a ir en contra de la corriente, tal vez por la vergüenza que a su edad implica este pequeño pero tan importante acto. Si todos comprendieran inmediatamente no estaría yo aquí planteándome estas cuestiones.
 
 
¿Se plantearán estas mismas cuestiones los equipos de enseñanza teniendo en cuenta que algunos padres solicitamos reuniones para hacer visible dicha situación?. Porque los niños a la larga y a la corta, se frustran; y esa frustración conlleva a consecutivos problemas de aprendizaje, ya que se arrastran dudas que inevitablemente se potenciarán. ¿En qué medida nosotros los padres tenemos la responsabilidad de complementar lo que nuestros hijos van aprendiendo diariamente de parte de sus maestros?. Huelga decir que debemos seguir su aprendizaje, ayudarlos e incentivarlos; pero ser nosotros quienes terminemos de hacerles comprender lo que comenzaron en clase me parece una problemática no menor. Tácitamente uno delega justamente en la escuela este proceso de aprendizaje, y sentir que las clases no alcanzan y hay que dedicarle un tiempo mucho más extenso que el habitual de acompañamiento genera también una frustración en los adultos. Sobre todo cuando se sabe por testimonios que no es un problema individual.

Y desde allí, nobleza obliga, también debemos poner atención en lo que refiere a la tarea de las maestras. "Explicar procesos, mecanismos y recursos cognitivos que permitean construir conocimiento matemático, adquirir y fortalecer estrategias y procedimientos para la resolución de situaciones o problemas con metas numéricas y en general" frente a un grupo de 30 niños no debe ser una tarea sencilla. En el afán de que nuestros hijos comprendan y vuelvan a clases con la tarea completada y sin poner en conocimiento de esto a las maestras cometemos el error de que ellas mismas den por sentado que el niño efectivamente ha comprendido. Y si a través de la realización de estos trabajos prácticos es que se avanza, la sorpresa será mayor cuando a la hora de realizar una prueba oral o escrita en el establecimiento los resultados difieran notablemente del realizado en el hogar.
 
En consecuencia, no me quedan más que dudas y certezas de lo intrincado del sistema de enseñanza y de aprendizaje. Sobre cual sería el rumbo a tomar respecto de quien o quienes marcan con su capacidad media (tirando a baja) de absorber todo el contenido en un tiempo estipulado para con el resto de los compañeros. Si en pos de completar todo el contenido hay alumnos que se verán rezagados indefectiblemente. Si ante la cantidad de alumnos los seguimientos personales se vuelven casi imposibles, como bien reza el dicho, quienes mucho abarcan, poco aprietan; con lo cual estaríamos ante el abismo indagatorio que genera todo la estructura de los colegios y las escuelas públicas (en mayor medida) con respecto a la capacidad de enseñanza concreta. 
 
Aún así, y ante tamaña problemática, soy verdaderamente consciente sobre el papel fundamental que debemos cumplir como padres, sobre el equilibrio justo que hay que buscar para no deslindar responsabilidades que nos competen desde lo humano y moral hacia la escuela o colegio; que en tal caso son el complemento donde desde lo social el niño o la niña van aprendiendo a sociabilizar y compartir tanto alegrías como inquietudes, frustraciones y todo el abanico de sentimientos que al final de la primaria se hacen presente en lo espiritual al relacionarse con diferentes personas de su misma edad. Hay que estar, y tratar de estar, como sea, en definitiva.


miércoles, 8 de agosto de 2018

Sexting Onírico


Tengo tantas ganas de tu sexo!. 
Tu sexo que es un paisaje onírico donde mi mente se deshace 
y mi cuerpo pierde su forma, donde y hasta cuando 
el último pensamiento pierda su consistencia sentirá trémulo 
la vibración de tus gemidos. 
El pedido hipnótico de penetrarte a través de los más recónditos excesos, 
de nunca abandonar la carne el fantasmal vínculo del cual fuimos 
salvajemente posesos. 
De recorrer todo el territorio de tu cuerpo diáfano con la memoria 
inhóspita y desentendida, 
despojada de las rúbricas de cada día, 
posando los labios en la majestuosa curva que desemboca hacia la brecha íntima, celosa y ahora desprotejida de toda seda. 

Húmeda, latente, enrojecida. 
La boca entrometida, la tensión que ahueca la garganta 
y la sangre que galopa desbordante de travesía; 
éxtasis de lo prohibido, 
lengua voraz que describe con minuciosidad y contenida alevosía 
allí donde el estremecimiento provoca 
toda la letanía del placer.

Amo cómo subsisten en mí los ecos temblorosos de tus suspiros, 
 los jadeos rítmicos y el grito mordido; 
la resonancia sexual que pervierte inevitablemente 
la parsimonia de mis latidos. 
Te quiero coger, ánima mía. 
Quiero alcanzar tu desnudez quitándote la ropa con obstinación, 
pero también con sosiego, con paciente pornografía. 
Descubrir cómo la elasticidad de tus prendas más intimas, 
abandonando sus territorios más prohibidos, 
te abandona a la vulnerabilidad total del nudismo, 
de la excitación, 
de las más osadas fantasías...

El Comienzo de la Era de la e-Lectura


En una de mis últimas excursiones a la librería, en una mesa donde estaban las que parecían ser novedades literarias escuché a dos chicas que se referían a uno de los libros que una de ellas había tomado; una se lo recomendaba a la otra, en realidad. Lo vi recién cuando lo dejaron nuevamente en la mesa y yo me acerqué para chusmearlo, obviamente, porque no me podía quedar con la duda. Era La Bailarina de Auschwitz. Apenas lo miré, no me interesó mucho.

Luego, hace algunos largos días organicé más por insistencia de mi compañera una cena-reunión con motivo de mi cumpleaños. No me gusta la fecha de mi cumpleaños, mucho menos los festejos. Me convenció definitivamente cuando se le ocurrió que podría avisarles a los invitados que iba a colocar una alcancía y que en vez de ponerse en gastos para algún regalo que seguramente no me gustará del todo, les pediría que aportasen una suma de dinero a voluntad que iba a ser destinada toda en su totalidad a la compra de libros. Los libros (me) salen caros. La fiesta de cumpleaños era entonces una cena a beneficio. Propio.

Al siguiente día, luego del festejo, se me ocurrió que en vez de libros podría utilizar el dinero para comprarme un ebook. Por lo que con algunos billetes más, tras una breve búsqueda en internet, adquirí uno. Estuve un par de horas investigándolo y tratando de familiarizarme lo más pronto posible con el sistema operativo y las funciones. Luego de un rato, me dispongo a cargarle un libro. Tengo algunas páginas guardadas en el navegador de antes, cuando probé la lectura electrónica al adquirir hace más de un año un celular de pantalla de 5"; digamos, el tamaño standard para los celulares de hoy. Pero no resultó, aún me parecía pequeño y no lograba concentrarme en la lectura, de esa época guardaba enlaces para la descarga de libros gratis. Así es como husmeando encontré de golpe La Bailarina de Auschwitz. Cabe contar aquí que en este último tiempo al que me vengo refiriendo y en el transcurso de una semana colgué a ver una serie de programas de un documental de la Segunda Guerra Mundial a color; por lo que estaba como embebido de esa atmósfera bélica y horrorosa, y todo era muy reciente además. Así que lo bajé y comencé a leerlo esa misma noche, cuando la batería del ebook estuvo completamente cargada.


El libro está dividido a lo largo de sus capítulos en tres partes. Comienza relatando los hechos que la condujeron a los campos de concentración y lo que vivió en ellos hasta el final de la guerra. Luego, todo el proceso de adaptación en su nueva tierra con su familia y finalmente, cuenta casos particulares de sus pacientes (ella se convirtió en psicóloga). El relato primero, con toda la carga emotiva de los sucesos en los campos de concentración que yo había visto en los documentales hizo que devorara página tras página casi compulsivamente. Lo mismo luego, cuando se establece en EEUU, con todo lo que ello trajo respecto a sensaciones nuevas y viejas y el convivir diario consigo misma. Ya hacia el final, alejado del clima inicial y con los casos en particular, el libro es directamente otro, lo cual me produjo en lo estrictamente personal cierto desencanto, si bien las historias son fuertes (casi todas con finales felices). En fin, acostumbrado yo a leer ensayos, filosofía, política, historia; el cambio de aire fue ameno, pero nada más. Supongo que para quienes gustan de este tipo de lectura, el libro les resultará fantástico. Es cuestión de gustos, y contra gustos, no hay disputa.

Pero emparentada a este libro siempre estará mi primera experiencia con la lectura electrónica. El ebook que me compré no es un kindle, y al parecer, eso ya dice mucho. Como kindle lidera le mercado en ventas, claro, si no compras uno, estás comprando algo que es inferior. Tal vez. No lo se, nunca compré un kindle. El DOOKU es un ebook mucho más barato y ¡posee luz!, algo que si quieres en kindle, pues tienes que comprar el que tiene luz, que es mucho más caro que el que no la tiene, y así y todo sigue siendo mucho más caro que el DOOKU. Al no tener referencia, la comparación inmediata es con el funcionamiento del celular; entonces pareciera que hubiera venido fallado, por su lentitud. Sucede que tiene apenas 512 de RAM y un android del siglo pasado. Pero estoy muy conforme. Es muy práctico, ágil y lo que me ha salido de barato es mucho menos cuando pienso que lo he comprado con dinero que han regalado.


No es difícil adaptarse a la lectura electrónica. Por la practicidad justamente, pasar de página sólo deslizando o presionando apenas con un dedo de un lado o del otro en la pantalla (más botones que también trae) hace que te concentres fácilmente. Es muy liviano y casi como un libro de bolsillo, por lo que al sostenerlo te permite acomodarte como mejor desees y nunca te pesará o te molestará. Si bien el libro de La Bailarina lo lees rápido y a un ritmo galopante, aún me falta leer alguno que contenga la temática que a mí me gusta, que no tienen estructura novelada, lo cual requiere tal vez una atención mucho más intensa, por el contenido además. He realizado mi primer compra de un ebook por internet y ya lo tengo guardado en la memoria, para cuando termine otro que compré ayer, pero en la librería; porque esa costumbre de ir y elegir y pasarse un buen rato entre libros es imposible de perder.

martes, 7 de agosto de 2018

Sobre triunfos, resignaciones y futbolismos extraviados


La escisión social congénita que padecemos es un problema realmente serio (cada tanto). Si bien el antagonismo es condición casi ¿fundamental? para el ejercicio de la política, y con ella el de la democracia; el paisaje de la opinión pública es un vasto desierto de mezquindad teórica.La indignación selectiva, tan ponzoñosa, surca todos los estratos de la cotidianeidad soslayando la profundidad de los temas que nos atañen de manera tan virulenta. Ese paisaje de ideas, además, está intervenido por la constante metralla mediática, un conjunto de empresas de comercialización y entrega de la información diaria acorde a su propia agenda dictada, a su vez, por sus propios intereses económicos; y que buena parte de la sociedad asocia como el discurso real, único y verdadero. El periodismo como tal se nutre de la sustentabilidad que la confianza del público le da, pero el periodismo sufre también una crisis de escisión de la cual no se en qué punto es responsable. Hemos perdido la idea de equilibrio (que alguna vez creímos tener) y el poder se bate a duelo a través de todas las armas de las que dispone como tal: la prensa, las acciones judiciales, la "asociación ilícita" con las grandes empresas devotas del libre mercado y la dolarización del alma. 

La polarización sin los cuestionamientos hacia la raíz abisal produce ceguera crónica. Y el consecuente yugo del pensamiento. Y al parecer, estamos condenados tanto a la ceguera como al yugo; porque la cuestión es pasional como hereditaria y juegan un papel crucial a la hora de plantear una opinión frente a otra que es, obviamente, la contraria; el asunto (el problema) es ante todo, humano, prehistórico. Entonces pensar, y distinto, significa un error. El narcisismo intelectual en todos sus estadios es una introspección interminable, como una espiral de autoflagelo ideológico, una viaje al vacío de un todo radical, un verticalismo peligroso. Carecemos de libertad de opinión porque carecemos de profundización informativa, asumimos por otros las verdades que se nos dan como limosnas y como oro y así también las mentiras; es una tarea rigurosa y ostentosamente difícil poder dilucidar donde está el límite entre lo que se dice, lo que se quiere que se diga y lo que en honor a la objetividad y la transparencia ha sucedido, para poder decir luego, para formar una opinión al respecto. Porque el ciudadano común, el asalariado en su carácter de siempre dependiente, está innmerso en una ignorancia (y a veces lo ignora, o no le interesa) que es tal porque cree que no tiene ningún efecto en su cotidianeidad, que de hecho puede ser (y lo es) tan cierto, hasta que, claro, una situación inestable y ajena se vuelve palpable en el bolsillo y nos preguntamos que carajo está pasando. Y ¿qué carajo está pasando?. La respuesta suele aunar los sentimientos de bronca primero y hartazgo luego, para lograr un repudio generalizado, una homogeneización de la antipatía hacia las figuras políticas en sí, que a su vez sufren un mismo proceso de homogeneización al caer todos en la misma bolsa. Este proceso de homogeneizaciones es parte de un ciclo psicosomático que vuelve a reiniciarse con cada acto electoral, donde además de el ya citado narcisimo intelectual se asocia imprudentemente con la exaltación de la fe, esa fe que nos libera, nos redime y nos vuelve a reciclar para lo que sigue y la rueda del poder vuelve a girar, tal vez en sentido contrario, siempre dependiendo del lugar que se haya elegido.

¿Es la democracia en el sentido político-estructural un negocio cuyos réditos son implacables para quienes lo ostenten con la legitimidad de los votos?. Si estamos resignados a la administración fraudalenta y sistemática de la distribución de todos los ingresos de una nación y eso sólo representa un daño en tanto y en cuanto esos administradores fraudalentos sean los depositarios de nuestra simpatía y admiración, el antagonismo es no sólo el mayor triunfo de la estupidez, sino el de el poder.


domingo, 8 de julio de 2018

Tanto el Diablo como el Amor habitan en los detalles



Es una de esas películas donde todo aquél que se sabe admirador del cine, y cuando decimos cine casi que nos referimos a una abstracción involuntaria de la que podemos dar definiciones incansablemente, puede darse el lujo de apreciarla y apreciarse como degustador. No es mi caso. Aunque puedo destacar la fotografía, la atmósfera reinante en gran parte gracias al aporte musical de uno de los integrantes de Radiohead, el trabajo de producción en cuanto a la ambientación y caracterización de la época y el juego de las cámaras; la sensación final es tan extraña como obviamente personal.

No es sobre moda. Ni sobre el amor. ¿O sí?. Pienso mientras hago una pausa que es una película que, de todos modos, está lejos de dejarte indiferente (eso en el caso de que veas sus dos largas horas de duración), puedes tanto decir que es alto bodrio o, como dije, darte el lujo de apreciarla y apreciarte como amante del ¿buen? cine. La sensación extraña a la que me refiero tiene que ver con cómo la relación entre ellos dos suscita cierta amargura en tanto y en cuanto el maltrato que, a través de la ya tan consabida y hasta quizás agotadora interpretación histriónica de D.D. Lewis somete al personaje de la bella y frágil Alma, Vicky Krieps, en este caso.

El artista egocéntrico, narcisista, el genio inalcanzable y arrogante que fácilmente incomoda a cualquier espectador. La candidez, la dulzura y la inmediata empatía por otro lado. La bella y el bestia de Reynolds Woodcock. Ella enamorada, él de a ratos, o no se, me equivoqué; no, ahora te amo en serio; no, eres el peor error que he cometido en toda mi vida, mejor cásate conmigo; odio esos pequeños detalles que me hacen despreciarte y hacerlo en frente de todos además; bésame niña mía; oh, cómo te amo. En una época donde la mirada de la mujer y hacia la mujer definitivamente nos cruza a todos, el personaje de Alma también es incómodo de ver. Alma, dejalo al pelotudo ese es el consejo que mejor se me ocurre a todo momento. Aún cuando en su epílogo el personaje es cubierto por un halo vengativo, redentor; ensayando un equilibrio que me atrevo a calificar de romanticismo tortuoso.


Tanto el diablo como el amor habitan en los detalles. A pesar de todo. Y de todos. ¿Suena esperanzador esto?. ¿Hay espacios de dos o tres segundos para que la chispa de la esperanza se encienda y con ello enmendar definitivamente el pasado?. Nada como cerrar la idea de un misterio inconcluso con preguntas o instantes inciertos.

viernes, 6 de julio de 2018

Qué cosa los noscritores!



Qué cosa la de ciertos noscritores!, 
se quejan de que no están inspirados para escribir!
se quejan de que no tienen tiempo!
Pero cuando se sientan a escribir un poco
ya no quieren dejar de escribir!
y se vuelven a quejar de que nos les alcanza el tiempo!
Pero se han sentado a escribir.
Que es como matar al tiempo.


Hallazgo de los Jueves

En un viejo quincho cuya parrilla está ahora mismo en proceso de restauración, encontré una caja corroída por el alcance del agua de la lluvia que se ha colado porel techo y la chimenea en lo que va de este otoño/invierno. Dentro de la caja: libros. Algunos míos que hace siglos había prestado a una de mis hermanas y otros tantos de ella. A saber: una vieja biblia que recuerdo haber ganado en un concurso de preguntas escritas sobre Ceferino Namuncurá en la primaria. Una edición de Más Platón Menos Prozac de bosillo adquirida en la plena adolescencia cuando el libro era best seller, uno de Ballard del cual no recuerdo absolutamente nada y otro títulos que obviaré por el tipo de lectura que frecuentaba mi hermana a la cual no adhiero.

Allí, casi intacto, casi al medio de la pila estaba Las Viudas de los Jueves. 


 Debo confesar que acostumbro a leer ensayos sobre política, política-económica, filosofía, historia, actualidad; y no recuerdo la última vez que leí una novela. Pero anoche (que no es anoche mientras escribo, pero aún....) abrí el libro antes de la 1 de la matina y no pude dejar de leerlo hasta las 05:30, que fue cuando lo acabé como quien acaba una tarea que acaba de descubrir y con la cual ha quedado profundamente maravillado. Inmediatamente uno se pregunta por qué la lectura de novelas no se ha hecho costumbre. La verdad es que en esta última etapa de mi vida —que no es realmente la última, me gustaría aclarar— he dedicado mucha más atención a la actualidad política y social de lo que leve e inocentemente podríamos llamar la realidad del país. A través de la lectura de aquellos diarios que con diferentes intereses dan su propia versión de esa realidad, algo de televisión en la misma épica y el repaso diario de la red social Twitter, donde las "noticias" tienen una personalización que las hace de alguna manera más digeribles. Por lo que, sumergirse de lleno y tan profundamente en la trama de Las Viudas de los Jueves fue una experiencia reveladora, de tinte casi infantil. El imaginario de cada detalle de lo que Claudia Piñeiro iba relatando con un ritmo cansioso y ameno se iba abriendo en mi cabeza como si me adentrara en un paisaje mental completamente diferente. La atmósfera de los personajes y la manera en que se distribuyen en la historia a través del orden de los capítulos puso a funcionar engranajes que revitalizaron la experiencia de la lectura que, como dije, no realizaba desde hacía un tiempo del cual no tengo yo memoria. El libro, además, tenía un fuerte olor a humedad y al sostenerlo había que ejercer una pequeña fuerza para poder leerlo con mayor comodidad, toda una lectura pintoresca, si se quiere.

Recordé en algún momento del libro que habían hecho una película. Al otro día la busqué. La encontré en una plataforma online donde podía verla desde mi dispositivo móvil (mediante una aplicación previamente descargada y donde ya estaba registrado) vinculado a la pantalla de la televisión a través de otro dispositivo conectado a su vez al mismo por intermedio de un cable USB; cosa esta que me sorprende cada vez que la pienso, cómo la tecnología ha ido cambiando a nuestra forma de consumir contenido audiovisuales. Así que a la noche me dispuse a verla. Todos sabemos (aún yo, que hace siglos no leía una novela, y muchos menos luego ver su adaptación al cine) que a la hora de encontrarnos con la versión cinematográfica tan diferente a la que nos hicimos mientras leíamos puede que sintamos cierta incomodidad; es tan lógico como difícil el empatizar con lo que vemos. Pero aún así y todo, le ponemos una onda, porque no somos amargos. En este caso, me gustó como ciertos pasajes que la prosa se encargaba de detallar profusamente eran ajustadamente contados en un par de líneas de diálogo. Lo más difícil es, seguramente, asimilar el rostro de los actores con los personajes creados por nosotros a través de nuestra siempre cinematográfica imaginación; y más aún cuando el rostro de esos mismos actores y actrices son reconocidos de otros personajes de otras películas donde los hemos visto actuar. Pero, como dije, le ponemos onda.


Bueno. No tanta en mi caso. Porque tenía sueño de la noche anterior, que había estado en vela leyendo la novela. Así que sólo alcancé a ver media hora. Y con eso alcanzó. Como sea, si se encuentran con la novela, leanlá.

sábado, 14 de abril de 2018

Todos quieren mi Montaña

El nombre Renan Ozturk lo recordaba de otros documentales que había visto con gran asombro y satisfacción, a saber: Sherpas: Héroes del Everest y Into the Mind. Ambos con una poética visual que yo nunca había visto, una manera de ver la montaña única, pero con la cual me sentía profundamente representado. A través del prestigio de ese nombre es que el año pasado intenté sostener en la memoria el tráiler de este documental que iba a estrenarse varios meses después: Mountain, así lisa y llanamente. También participa William Defoe aportando su voz a la narrativa.


Finalmente, estuvo disponible para su descarga (verla en el cine por estos lares es una utopía); pero pasaron un par de meses casi hasta que también estuvieran disponibles subtítulos en español. O al menos hasta que yo diera cuenta de todo esto. Hoy a la mañana bien temprano, pasadas las 7 y luego de la preparación de un rico café me dispuse a verla, damas y caballeros: es FANTÁSTICA.

Las imágenes poseen una espectacularidad indescriptible, el texto es sobrio, poético, concreto y en la voz de Mr. Defoe cobra incluso mayor relevancia. Una oda no sólo a las montañas en sí, sino a lo que las montañas producen en nosotros; y un detalle significativo (aunque resulta un breve pantallazo con respecto a lo largo de la película) son los versos dedicados a los centros de ski y las ascensiones multitudinarias al Everest (una problemática tratada en Sherpas: Héroes del Everest).

Pero la música.
La música es la que consigue elevar cada frase, cada toma a un nivel superior.

No se lo pierdan. Ni tampoco los otros que mencioné.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Electro in-the-pendiente

 
Me llevo muy mal con la electricidad. 
Siempre he preferido las tareas que 
hacen al mantenimiento de un hogar 
que no tengan que ver con ella. 
 
Me produce aversión, 
desde que tengo memoria, 
allá en la adolescencia 
cuando de verdad adolescía 
en las clases en la escuela técnica. 
 
Por más que me esforzaba, un rechazo casi físico 
me impedía aprender los conceptos y la terminología; 
no había ni hay ni habrá manera alguna 
de familiarizarme 
con todo lo que tenga que ver con la electricidad.
 
Y eso sin contar que 
casi siempre me he considerado un verdadero inútil 
para la mano de obra. 
Todo lo que me ha tocado hacer 
siempre ha sido fruto más de 
la intuición 
que de la investigación 
o el aprendizaje. 
O de un tutorial de Youtube.

Gracias. Ya me siento mejor.


Mon Amour

Llegué cansado a media tarde. Además había trabajado de noche y estaba fusilado. Me pegué un baño y me recosté. Pensé en dormir como un campeón. Pero no. Estaba conectado el Chromecast, así que colgué a ver las notificaciones de Youtube. Drexler había subido video nuevo: Asilo se llama la canción. Canta con una mujer que yo desconocía totalmente. Se llama Norma Monserrat Bustamante Laferte, es chilena pero vive en Mexico; y los millones que la conocían antes que yo la conocen como Mon Laferte. Alguien acertadamente comentó debajo del video, y cito: "Hermosa canción, sus voces como balancéandose en un baile!". Eso es. Lo fusilado no estuvo más, tampoco el sueño, nada. Tenía que escuchar yo más esa voz.

 
 
Sugiero que si no la conocen, hagan lo mismo.

lunes, 19 de febrero de 2018

Lo que me jodía era la panza....

Lo que me jodía era la panza, y sobre todo en los partidos de fulbito con los amigos cada jueves: corría dos pelotas y ya no daba más. Si bien todos andamos ya en la misma, a mí me empezó a molestar; y por qué no, a preocuparme. Me empezó a dar vueltas en la cabeza el tema, como siempre cuando algo me sumerje en la perspectiva de la finitud. Hasta los 10 años, vivimos la inconsciente imortalidad ante la atenta mirada de nuestros padres, hasta los 20 la cosa es más o menos igual, pero somos apenas "conscientes" de esa inmortalidad aunque nos llevemos el mundo por delante. De los 20 a los 30 todo puede pasar (antes también), pero ahora somos concientes más de nosotros mismos y uno empieza a observarse hacia al futuro, comienza a percibirse el tiempo de modo lineal. Es una pena eso, pero bueno, nos toca la percepción occidental, que se le va a hacer. Pasados los 30, puede que hayas encontrado alguien con quien pasar ese tiempo, y que tengas hijos, que es el meollo del asunto que me he puesto a vertir aquí. O no, pero bueno, que el escribe soy yo.

Que he pasado los 40, y mi hijo vive su inmortalidad ante mi atenta mirada y la de mi esposa. He perdido a mi padre de un cáncer que padeció durante tres largos años. Mi madre transita sus útimos años debido a otra enfermedad no menos maligna, que se la va a llevar a su debido tiempo. Y en el medio de todo siempre me pregunto: ¿será posible ahora en la mitad de mi vidadonde la esperanza de vida se remonta a los 80 años — si es que me esperanzo tanto en vivir, pueda realmente comenzar a preparar mi cuerpo para que la decrepitud no me ataque tan ferozmente y así poder disfrutar, no sólo de mi vejez, sino de cada década citada de mi hijo?. El futuro, en sí, no existe. Pero eso es hoy, y es muy cierto. ¿Pero si dentro de 30 años estoy arrepentido de no haber hecho lo que estoy haciendo ahora?......... pero, ¿y qué es lo que estoy haciendo ahora?. Pues he comenzado a cuidarme.

Comencé un proceso personal, por ahora, alejado de los consejos médicos; que seguramente ya vendrán. Prefiero por ahora enfocar mi cabeza y mi espíritu en sí mismos. Hace tres meses atrás comencé a salir a correr. Que es un decir, fue simplemente llevar un paso detrás del otro a una velocidad que no me provoque un ataque cardíaco. Aprovechando la tecnología, me ayudo con una aplicación en el celular que mide la distancia, la velocidad y mucha otra data. La primera vez corrí en circulos, en un velódromo, hice 3.28km en 20 minutos. Casi muero. Desde allí fui regulando —con el consejo de mi esposa, quien corre desde hace muchísimo tiempo más que yo— el paso, y aumentando semana a semana la cantidad de kilómetros. Ahora, lo normal es salir y correr 45 minutos, pueden ser 6 o 7 kilometros, depende del lugar. He aprovechado tardes de verano, a la hora del crepúsculo, para llegar a concretar la primer meta que me impuse cuando comencé: 10km.

10 kilómetros fueron los que corrí en una "carrera" en la que supe que me inscribiría al término del primer mes de haber empezar a correr. Fue hace un par de semanas, toda una experiencia. Que me ha motivado a continuar, además. He leído por allí que correr está de moda, que mucha gente está comenzando a hacerlo; y es que una vez que empiezas y te sientes motivado, creo que es difícil dejarlo. Porque tiene un elemento muy simple, te hace sentir bien. De maneras primitivas tal vez. O naturales. Ejercitas el cuerpo, y eso produce cambios, al generar endorfinas. Es inevitable sentirse mejor. Y quieres más. Porque el tiempo no sólo lo percibimos lineal, sino que la línea además es finita. Quieres más porque sabes que darle cierta plenitud a tu cuerpo generará cambios en tu manera de pensar, de ver, de sentir; y que posiblemente haya mucho camino por recorrer, entonces por qué no adecuarse para ese camino, que además nos va a castigar de una u otra manera?, y todo, porque lo que me jodía era la panza. Nada mal, eh. Bueno, la panza todavía sigue allí, ese es otro tema a tratar; mientras tanto, dale que va.


jueves, 11 de enero de 2018

(Des)Orden del Tiempo


Los finales de año suponen un desorden de la idea del tiempo. 
Por un lado, 
aquellos que pueden planean las posibles vacaciones de verano, 
lejos de casa, 
en un sitio más bien caluroso, que tenga mar. 
Por otro lado, 
la cosa todavía no termina, 
hay exámenes finales, y otras cuestiones que se le parecen 
siempre desde la perspectiva de lo terminal.
Uno está yendo y viniendo por las noches,
 o en esos momentos donde la mente se pone en pausa,
se imagina en la playa, y al segundo siguiente 
recuerda el temario del examen de matemática ese lunes. 

Comienzan a apresurarse las ganas de que el año por fin termine; 
por lo que debe finalizar 
y por lo que ¿viene?, 
 el estado de ánimo establece batallas diarias; 
cansancio, ansiedad, un poco de desaliento.

Pero luego han pasado un par de semanas
y todo eso se ha ido bien a la mierda
y tal vez no estás en la playa
pero todo aquello se ha ido a la mierda.

Y en otras semanas más
habrá que empezar todo de nuevo.
El tiempo se ordena, 
que los parió.

Feliz 2018. ¿Feliz?
Bueno, que la órbita elíptica los trate mejor.


domingo, 5 de noviembre de 2017

¿Los Años Difíciles?

He aquí una serie de videos muy interesantes que he traído hasta aquí porque a su vez me he sentido sumamente atraído hacia la idea que se plantea; del amor que se tiene por aquello que fuera de toda pomposidad se hace por el simple placer de hacerlo. Tal vez las preguntas que surjan tengan que ver un poco con las expectativas que uno tiene sobre aquello que hace en mi caso, sentarme cada tanto a amontonar palabras sin más que la compañía de música, unos mates y esta lluvia matinal un domingo de noviembre sin tener la menor certeza de si acaso alguien está leyendo esto que ahora escribo— y con la relación emocional que tenemos todos indefectiblmente con la conectividad como el gran telón de fondo.  

Sugiero que los vean, además tienen subtítulos en español:


 
   

domingo, 8 de octubre de 2017

Yo?

Momentos en donde mi yo se desdobla, una situación de una elasticidad metafísica ceremoniosa, donde un pensamiento profundamente pesimista sobre ciertas cuestiones inherentes a la cotidianeidad de los pensamientos y las acciones pareciera ganarle progresivamente a la razón.

Luego una pronta sensación conciliatoria supera ese estiramiento 
y la tensión se equilibra.

Pero hay un placer que en el medio se niega a ser relegado por una simple decisión, 
o por un hartazgo selectivo, si acaso existiera tal tipo de hartazgo. 
O tal placer.

Y hay un sentimiento que es fructífero desde toda perspectiva, pero sin embargo en derredor se manifiestan otros actores que nublan la razón de esos sentimientos.

Para volver a ser yo nuevamente mientras estaciono el auto, por ejemplo.


Poema Del Miocardio

Hay corazones puros.
Hay corazones de chocolate.
Hay reinas de corazones.
Hay trasplantes de corazones.
Hay enfermos del corazón y corazones enfermos.
Hay operaciones a corazón abierto.

Hay piedras con forma de corazón y corazones de piedra
Hay bombones con forma de corazón y corazones que son un bombón.

Hay corazones que se forman con los charcos de la lluvia y
hay lluvias que te alegran el corazón.

Hay invitaciones a casamientos con forma de corazón.
Hay recetas para hacer con corazón y pulpas de frutas a las que llaman corazón.
Hay abuelas que llaman "corazón" a sus nietos, y también a sus hijos.
Hay cajitas y latas con formas de corazón.
Hay corazones helados y helados con forma de corazón.
Hay millones y millones de adornos que tienen de una u otra forma
la forma de un corazón y millones y millones de formas
de alegrarle o entristecerle a alguien el corazón.

Hay corazones que se donan.
Hay ataques al corazón.
Hay un "Ay, Corazón" en cientos y cientos de alegres canciones
y canciones que te parten el corazón.

Pero si hay un corazón que importa de veras
es el tuyo.
Cuidalo, corazón,
que es el único que tenés.






El cine bonito que estás viendo

Suelo ponerme extremedamente dubitativo cuando entro a Netflix, me jode un poco que no tenga la opción de ver el trailer; con lo cual la tibieza de las sinopsis parecen embaucarte un poquito más de lo normal. Y si hablamos de películas "de terror" podemos decir y afirmar también que uno jamás debe dejarse llevar por el poster, pero algo en la búsqueda por cierto apresurada de anoche me hizo decidirme por I am the Pretty Thing that Lives in the House. La imagen que acompañaba la sinopsis tenía una carga magnética de misterio que no pude evitar:


Debo decir que la búsqueda en Netflix las realizo desde la pantalla de mi celular. Tengo instalado en mi televisor LCD un pequeño dispositivo denominado Chromecast que me permite vincular mi celular (o cualquier dispositivo con Android) a través del wifi y proyectar en la pantalla del TV lo que se que ve en la aplicación previamente bajada al teléfono. Por lo que la imagen, dado que la ví primeramente a través de la pantalla del celular, me cautivó más. ¿Qué por qué?. Bueno, no lo se. O sí, pero ese es otro asunto.

Cuando uno se dispone a ver una película "de terror" sabe que va a encontrar ciertos clichés, o todos los clichés. Si bien alguna que otra vez alguna logra sobresaltarnos, con recursos que seguramente conocemos (pero aún así), nada escapa a la percepción final. Y es gratificante cuando una película escapa airosa y nos llama poderosamente la atención a medida que transcurre. Es el caso de I am the Pretty Thing that Lives in the House.


Doblemente cautivado me sentí cuando la protagonista, pasados apenas unos minutos, mira fijamente a la cámara mientras su voz en off recita con tono enigmático lo que parecen ser las líneas de una carta, quizás un libro. Ese tono enigmático dominará no sólo las líneas sino los planos fijos y los acertados movimientos de cámara que crearán desde la imprevisibilidad misma que logran momentos de exquisita tensión. Silencios prolongados, contemplación de la oscuridad, una película con un ritmo diferente, una exaltación a la lugubridad.

La historia es modesta: una enfermera, una anciana moribunda, una casa, y obviamente, un fantasma. Pero la efectividad en el uso de la cámara con un timing certero (y una iluminación escasa) se llevan el protagonismo de la película, la historia se cuenta con una cinematografía muy personal. Podemos sumar el clima literario, dado que uno de las personajes, la anciana, es escritora. Y otro, el —en este caso— la fantasma, quien es el personaje de uno de sus libros; por lo que el tono de lectura o recitado nos envuelve en un atmósfera muy particular.

Una grata sorpresa la película, sobre todo cuando uno no se lo espera en lo absoluto. La recomiendo para aquellos que gustan de experiencias distintas a lo que el género suele entregar.

domingo, 13 de agosto de 2017

Detalles Suspensivos

Sospecho que este año es un año que si el tiempo ha sido gentil conmigo y tenga acaso la lucidez de mirar hacia atrás más adelante, es un punto de inflexión en la reflexión siempre final del paso, justamente, del tiempo. La conciencia, el estado de conciencia de los días y el pasado que en algunos días se hace tan presente como muestra del camino que se transita hasta en los más pequeños detalles. Estaba esperando en el auto cuando sonó el celular y cuando lo saqué para mirar noté cuánto me costó poder leer correctamente, fue un acto instintivo que me sorprendió; y hasta tuve la certeza de que fue algo que sin dudas me había ocurrido con anterioridad, pero que no había dado real cuenta del mismo, como si hubiera estado en un estado de negación. Guardé en el más absoluto silencio la situación durante algunos días hasta que por fin lo comenté, cuando ya había pedido cita con el oftalmólogo. El resultado: presbicia. Ni siquiera había escuchado nombrar alguna vez esa palabra. El tipo me atendió como un verdulero, me despachó brevemente, pero siempre respetuoso. Claro, el asunto de la presbicia es un asunto común, al parecer. En menos de 10 minutos ya tenía en mis manos un papel con el cual debía yo adquirir un par de lentes, el mismo par de lentes que uso ahora mientras escribo. Lo que sí, me tomó casi una hora decidirme por el marco cuando fui a la ótpica. No es una decisión que se ha de tomar a la ligera, creo yo.

La verdad es que pensé que nunca iba a tener que usar lentes. Hasta hace algunos años atrás, mi vista era privilegiada, según un doctor. Pero este otro hizo añicos esa seguridad, y otra verdad es que esto no ha sido una situación que haya suscitado algún tipo de drama. ¿Por qué debería?. Bueno, sí, porque de hecho estoy escribiendo al respecto, dirá usted. O no, que esto no es más que un hecho descriptivo en esta bitácora de viaje. 

Lo que quiero decir es que son los primeros pasos hacia un tiempo nuevo, donde el cuerpo comienza un proceso de decrepitud inevitable, y eso en definitiva, nos da una perspectiva también nueva de todo. Hay una mirada mucho exahustiva cuando uno se pone frente al espejo y algunas señales comienzan a hacerse visibles más en la vorágine de pensamientos que en la fotografía diaria antes de cepillarse los dientes. Esos pequeños brillos que se traducen en pequeñas canas, por ejemplo. Pero es un detalle. Que ni bien lo pones en palabras frente a otros, te das cuenta que eres tal vez el último que lo ha notado. Y comienzas a hacer planes. Porque si todo va bien, todavía falta. Lo jodido es no dejarse llevar por la tristeza. Es el gran desafío, claramente. Lo bueno es que empezar a ponerse viejo trae consigo el peso de lo vivido y ese peso significa firmeza en desveladas horas de introspección; cada vez son menos las dudas y las certezas tienen una cordialidad que parece que te abrazan un poco el alma. Una vez escuché un tipo en la radio que dijo y nunca lo olvidé: la experiencia es un peine que te da la vida cuando te quedás pelado. Puede ser. A veces pienso que me hubiera gustado tener esta nueva facilidad para aprehender nuevos conocimientos cuando fui joven. Es cuando empiezan las preguntas inútiles, el ¿qué hubiera pasado si?. Agraciadamente, cuando por fin comprendes que no hay otro tiempo que importe más que el de hoy, esas preguntas se desvanecen como una música que se aleja, como un texto al que sabes que puedes darle mil vueltas más, pero que debes ponerle un punto final, porque la vida sigue.




sábado, 8 de julio de 2017

Lo que llamamos Cielo

El cielo es la patria y el exilio de los que sueñan.
El consuelo del abismo en la diaria cornisa del mundo
espejo de los suspiros, eco silente de maldiciones, refugio secreto,
un país de emociones que se rebelan en constante cambio.

Vereda vieja, esquina de los anhelos. Somos cielo vos y yo.
Y usted.
 Y aquél.
Y la señora que compra y se queja 
y los pibes que pedalean en bicicletas de algodón en un mar de soledades 
pintado en ólea y ceremoniosa combustión.

El cielo es la matriz de los poetas, 
el paraíso de la ciencia, 
la infantil morada de los conformistas, 
la ecuación de los días, 
la elegancia del velo, nostalgia, inspiración y vuelo.

Es cielo el final de la jornada, el matecito de la mañana,
la complicidad de la madrugada, el desvanecimiento total de las distancias
la infinidad salvaje y descontrolada; 
la risa cordial de Doña Amalia

y el silencio que rompen los zorzales al alba.

jueves, 6 de julio de 2017

Un Ciego guiando a los Ciegos

Andaba yo en la búsqueda de documentales para ver. Uno se cansa a veces de las películas, y sobre todo de la televisión. Y los temas que se tratan en los documentales de televisión no siempre son tan interesantes y hasta resultan repetitivos en su temática y oferta. Notes of Blindness la encontré como quien encuentra algo que intuye puede llegar a ser interesante, al fondo de algo, en el momento aquél donde la búsqueda ha perdido ya casi todo su interés. Apenas si recuerdo mientras escribo....qué fue lo que leí en la breve sinopsis que acompañaba la imagen del póster. El asunto finalmente no pasaba de un hombre, y su ceguera. Y con ello me bastó.

Unos días después, una tarde luego del trabajo, sin nada qué hacer, me saqué el calzado, me eché cómodamente sobre la cama y en el silencio y la soledad momentánea de mi hogar, me dispuse a ver el documental.

La gratísima sorpresa es desde el mismo comienzo, cuando con fondo negro me explican de qué se trata. Son audios, cassettes, donde se escuchan las cavilaciones de un profesor de teología que debido al desgarro de la retina, va progresivamente perdiendo la visión hasta quedarse completamente ciego.



El hombre habla pausado, con cadencia poética y una dicción de docencia, experimentada. Es sumamente agradable escucharlo, a pesar de referirse con profunda tristeza e indagación a su condición trepidante. Sus palabras son acompasadas por una cinematografía maravillosa. Hay un actor que lo representa, también a su esposa, sus padres (vagamente), y sus hijos. Todas las escenas son interpretadas con gran belleza y elegancia, con mucho acierto. Los actores no dicen todo el texto, apenas se sincronizan en breves pasajes, como afirmando. Los cuadros están cuidadosamente pensados y filmados, la luz es protagonista absoluta también, con su respectivo juego de sombras. La fotografía es exquisita.






Lo recomiendo fuertemente, hasta me gustaría obligarl@s a verlo. Yo me lo he guardado con afecto, para echarle otra mirada más adelante, porque realizaciones tan profundas y sentidas, que hacen que conectes todos los sentidos mientras las ves, deberían verse (y ojalá realizarse) cada tanto.

martes, 4 de julio de 2017

Mientras tanto

Es un camino pesado y doloroso
el cual yo 
sólo pude recorrer
gracias 
a tu dulce y saludable compañía.

Es por eso
que te ofrezco mi propia compañía
ahora y cuando comience 
tu propio, 
pesado 
y doloroso camino.